 La ciudad recibe cada vez más turismo gay. Seducidos por precios que los favorecen, los visitantes dicen que acá encuentran un trato amigable y opciones para pasarla bien. 1 de 3 Un paseo por Puerto Madero. Los barrios más populares del circuito gay son San Telmo y Palermo. Leonardo Torresi ltorresi@clarin.com O h, It's over , se terminó, dice Patrick Hatley, de San Diego, sobreactuando la queja. En dos minutos tendrá que cruzar la avenida Santa Fe hasta el departamento que alquiló estas dos semanas, cargar las valijas y, acompañado con celo de oficio por su guía personal, salir rumbo a Ezeiza. Antes, sorbe por última vez de su taza de café. Patrick está de perfecto humor. Cuando el viaje se termina no es el peor momento del viaje. Queda, al cabo, la expectativa propia del regreso: en unas horas, otra vez en casa, será la hora de contar la experiencia, mostrar las fotos, repartir los regalitos; parte del viaje también. Su flamante chaleco de cuero argentino se lo llevará puesto, y la billetera de pecarí ya cumple funciones en el bolsillo trasero del jean. Pero lo mejor que se lleva son algunas sensaciones intrasferibles. Como aquella sorpresa del restorán gay, cuando pidió pimienta, y el mozo se la sirvió, pero no fue del modo tradicional. No: lo abrazó tiernamente por la espalda, y así, sobre sus hombros, accionó el pimentero sobre el plato. Otra noche, otro lugar, las 0.30, esto recién empieza. Mark y Francesco ocupan una de las mesas de La Marshall , milonga gay del centro. Están fusilados de cansancio; que la noche de Buenos Aires arranque tan tarde es una verdadera curiosidad –y luego un problema– para los turistas extranjeros. Precavidos, ellos aprovecharon el tiempo y más temprano tomaron una clase privada en el hotel donde se alojan, un cinco estrellas tradicional. "Acá hablan en español, pero por momentos sentís que estás en París", arriesga Mark, de Filadelfia, luchando contra el sueño con todos los músculos de la cara. Más locuaz, o apenas más entero a esta hora, Francesco cuenta sobre un buen señor taxista que anoche supo bien dónde llevarlos cuando entendió qué estaban buscando. Es su cuarta vez en Buenos Aires, pero la mejor, porque es la primera con Mark. Francesco es neoyorquino, hijo de portuguesa y portorriqueño. Ahora se sirve cerveza argentina. Está muy a gusto. "Buenos Aires –concluye– es un buen lugar para la gente gay, definitivamente." Y así parece que es, y el motivo es múltiple. Los precios, baratísimos al cambio, atraen mucho. Pero eso corre para todos los turistas, claro, y funda el boom global del turismo extranjero desde la devaluación. Que la ley de Unión Civil de homosexuales posicionó a la ciudad, es otro dato. Pero, se sabe, tampoco se trata de viajar para unirse ante la ley. ¿Entonces? Entonces, que Buenos Aires es una ciudad con un aceptable nivel de tolerancia frente a las elecciones sexuales; que ya hay más de 200 bares, restoranes y negocios para el público gay; o al menos, friendly , amigables con la comunidad. Que es difícil que un hotel de categoría niegue una cama matrimonial a un pareja del mismo sexo; que ya hay un puñado de alojamientos exclusivamente gays; que el año que viene se abrirá en San Telmo el segundo 5 estrellas gay del mundo. ¿Algo más? Bueno, al fin y al cabo la capital argentina tiene una Casa de Gobierno "de sugerente color rosa" y su gran símbolo es "una mole fálica de 67,5 metros de altura". Certera observación de la revista Destino Zero , prestigiosa publicación europea del rubro, que puso en la tapa a una pareja de bailarines –hombres– de tango. Y definió a Buenos Aires, sin atajos, como "la nueva meca del turismo gay". No hay cifras oficiales y es justo: nadie le pregunta a los pasajeros por su orientación sexual. Pero las autoridades del área de Turismo de la Ciudad señalan que la llegada de visitantes gays es creciente y que se trata de viajeros muy codiciados por el negocio local. En la federación internacional que nuclea a las agencias especializadas (IGLTA) se animan con un número: sostienen que los turistas gays superan el 10 por ciento del total. NOCHES PORTEÑAS Empezará tarde, pero en Buenos Aires hay noche casi toda la semana, y eso pesa. "A los gays que viajan les gusta mucho la noche –apunta Carlos Melia, de la agencia Pride Travel–. Sobre todo a los que vienen solos, que buscan más la diversión y, además,conocer a alguien." En la ciudad hay muchos lugares donde intentarlo. En la guía bilingüe GayBA 2006 figuran más de 50 restoranes, bares, pubs tipo pre-dance y discos perfectas para el público gay. Palermo, San Telmo y el centro son las zonas más pobladas por estos locales. Una referencia bien cool del circuito es el restorán Chueca , en la calle Soler. De afuera nada indica que se trate de un reducto gay, pero adentro –y no deja de ser un extraña escena para los ajenos al circuito– no hay una sola mesa mixta. Muchas parejas de hombres, mayoría, y algunas chicas en grupos. "Hay días que son todos turistas, casi no se habla español", describe Federico Serrat, autotitulado cabeza de león de las relaciones públicas gay, dueño del restorán que tomó el nombre del barrio gay de Madrid. En Chueca corre el Chandon 187 –dicen que es la bebida gay top– y los platos elaborados, a tono con el público exigente. Sobre la medianoche se produce un recambio, incluso generacional, y nace un clima de bar. Junto a la barra, David, de Australia, saluda a un viajero español que tiene muchas ganas de hacer sociales. La velada incluye un show de humor. "Chicas lesbianas ¡Tortas! ¡Me encantan!", grita, delicado, un transformista vestido de monja, mientras intenta robarle alguna frase a una rubia de Finlandia que ríe de pura cortesía escandinava. Lo que sigue, y se anuncia, es la ducha : a saber, un tipo depilado que baila robótico adentro de una cabina; cada tanto moja el vidrio con un duchador, y –aquí la gracia– se va quedando en una especie de tanga, y después con nada, pero en esa instancia apenas de espaldas. No podremos dar fe del alcance de sus méritos. "Los gays vienen a Buenos Aires porque acá están los chicos más lindos", dispara, sin desmarcarse, el RR.PP. Gabriel Di Biaso, anfitrión en Alsina Buenos Aires , megadisco gay a metros de la 9 de Julio. Es la próxima parada después del restó, ya pasadas las dos de la mañana. En la disco hay un 90 por ciento de hombres, entre ellos un considerable número de turistas extranjeros. Más champán, energizante con vodka, mimos y besitos sin drama. En el baño, donde cada tanto entra algún titán con el torso desnudo, no falta el hombre que cuida y, en este caso, entrega algunos chupetines multicolores, casi como la bandera de la comunidad. "En las discos gay nunca vas a ver una pelea. Es un ambiente tranqui", resalta Federico Serrat, también hombre imagen de Alsina , vendiendo lo suyo. Las chicas –minoría– también están en grupo. Las turistas no escapan a la regla. "Es raro que las mujeres viajen solas. Vienen en pareja y es muy común que viajen en grupos de amigas", cuenta Luciana Páez, de Viajeras.net , una agencia que tiene su fuerte en el turismo lésbico. Las mujeres apenas suman el 20 por ciento de todos los viajeros gays que vienen a Buenos Aires. Y la diferencia de requerimientos es clara. Se hospedan en hoteles comunes, y en general acceden a los de 4 o 5 estrellas, no por que busquen lujo, sino por los conocidos favores del cambio. "No se fijan mucho porque casi siempre se quedan poco en Buenos Aires. Se van para el interior. Están más interesadas en el contacto con la naturaleza", explica Luciana Páez. La noche no es un gran atractivo para ellas. Ni las visitas a los shoppings. "Jamás le vendí un tour de compras a una mujer", sostiene la coordinadora de Viajeras . Con los hombres es lo opuesto. Se quedan más tiempo en Buenos Aires y son minuciosos a la hora de elegir alojamiento. Muchos buscan lo que llaman hotel boutique, lugares con 5 o 6 habitaciones con detalles de diseño o –según el gusto– guiños de estilo. Además, mueren por la pilcha. El año pasado hubo en Buenos Aires un simposio internacional de turismo gay, y la subsecretaría de Turismo porteña lo aprovechó para hacer un encuesta. Y la ropa, con un 31 por ciento, estaba a la cabeza de lo que habían comprado los concurrentes durante su estadía. Si bien no estuvo dirigido estrictamente a turistas, ese estudio sirve para aproximarse a una idea sobre el perfil de los viajeros gays que llegan a Buenos Aires. El 48 por ciento provenía de los Estados Unidos, el 85 por ciento se había alojado en hoteles de más de 4 estrellas y el gasto diario (incluidas excursiones y entradas de discotecas) promediaba los 438 pesos. DE FRENTE Y DE PERFIL Cuando hablan de un turista extranjero gay modelo, los operadores del rubro describen a un hombre de treinta y pico de años, sin obligaciones familiares, buen pasar económico y tiempo disponible para moverse. Calculan que, en promedio, gastan un 25 por ciento más que los turistas heterosexuales. A las parejas las denominan con la sigla DINK, que significa doble ingreso, sin chicos ( double income, no kids ). "No tienen temporada para viajar y como normalmente no tienen hijos ni una familia para mantener, dedican muchos recursos al ocio y a la salud", refuerza Carlos Melia, representante en Sudamérica de IGLTA, la federación de agencias de turismo gay/lésbico. Héctor Gómez, español, parece ajustarse bastante bien a ese perfil. Tiene 36 años, es director de marketing, lo apasiona la arquitectura colonial y ha recorrido bastante mundo. Es su tercera vez en Buenos Aires y, se ve, el entusiasmo sigue intacto. "Me gustan las ciudades grandes para mis vacaciones –cuenta a Viva –. Buenos Aires tiene fama mundial de ser una metrópoli fascinante para descubrir. Y no defrauda: salvando las distancias, puede ofrecer los mismos atractivos que Nueva York o Madrid." Primero vino con amigos y con la pareja que tenía en ese momento, pero esta última vez volvió para ver a la gente que conoció acá. La diferencia que advierte con la principales ciudades europeas es que en Buenos Aires no hay un barrio exclusivamente gay. Y tampoco hay muchas opciones diurnas. "Igual, es un país bastante relajado con el tema gay. Uno se siente muy cómodo siendo gay en Buenos Aires. No he notado ningún tipo de homofobia". Bermudas en una tarde fresca, de oficio promotor de fiestas, Daniel D'Andrea, 28 años, de Nueva York, viajó para pasar cinco días en Buenos Aires. "Yo vine porque me gusta Evita", simplifica. Como la mayoría, supo de Eva Duarte por Madonna, su verdadera ídola. Es su primera vez en Argentina, cuenta que viene de pasar una noche intensa, planea una visita a las Cataratas y parece encantado con todo: "Quería venir a Latinoamérica y me recomendaron este lugar como algo diferente. Sabía poco de la gente pero me gusta mucho. El problema es que todo empieza muy tarde. Fui a las 12 de la noche a una disco y era el primero". Daniel conversa con Viva en el hall del Argentina Gay Hostel (claritos los tópicos), su lugar de alojamiento. En la ciudad hay cinco establecimientos de estas características, que funcionan con el sistema de bed & breakfast ( cama y desayuno ). Este lugar, en Viamonte al 1200, tiene una puerta de vidrio con la inequívoca banderita multicolor que identifica ala comunidad y es una opción económica, con habitaciones con baños compartidos. Eso no quiere decir que todos sus pasajeros sean mochileros con pocos recursos. "Hay turistas de buena posición que podrían pagar perfectamente el Hilton . Pero acá pueden conocer gente y se sienten más cómodos", pondera Claudia Alfie, la dueña. No tenía experiencia hotelera, pero decidió explorar el rubro. Hace cuatro meses armó el hotel en dos pisos donde antes había oficinas. Por el momento es sólo para hombres, por un simple detalle: las áreas de duchas son compartidas. Ahora se les ocurrió poner espejos por todas partes. "Los gays son muy coquetos. Andan mirándose todo el tiempo en los vidrios", cuenta Ricardo Volcovinsky, el marido de Claudia. Admite que él mismo desembarcó en este negocio cargado de prejuicios. Pero más allá de algún chistecito que aún se permite, ya logró despojarse de ellos. "El ambiente es muy tranquilo. Nadie se pasea desnudo por los pasillos", se alivia. Pero tampoco la exageración, y entonces no hay objeciones si algún pasajero se equivoca voluntariamente de puerta de habitación o si quiere traer algún acompañante. Eso sí: deberá registrarlo como un pasajero más. Como el mundo gay es recontraciber, servicios como Internet inalámbrico son fundamentales. También hay otros detalles, como las líneas telefónicas privadas. A muchos nos les haría ninguna gracia que alguien que desconozca su inclinación sexual les haga un llamado y en el conmutador respondan: "Hostel gay, buenas tardes". Ahora, justamente, suena el teléfono en el hostel de Viamonte. Claudia atiende, pero quien llama le pide que la disculpe, pero se siente un poco incómodo expresando su inquietudes a una mujer. Cero drama. Fernando Villar, recepcionista, se hace cargo de la consulta. Para el negocio, lo ideal es que los empleados también sean gay. Y así sucede en la mayoría de los casos, tanto con los guías turísticos, como con el personal de los bares, restoranes y los hoteles. "Hay una mejor comunicación –explica Fernando, el recepcionista –, porque nosotros estamos en la misma frecuencia y sabemos recomendarles lugares. A mí me pasa que muchas veces voy con los compañeros de trabajo a una disco y digo Uy, mirá, ahí está el de la 12. " DEPARTAMENTO PRIVADO En Callao, entre Arenales y Juncal, hay un edificio con mucho vidrio, rotundo aspecto de edificio de oficinas; hay, efectivamente, muchas oficinas, pero 36 de los departamentos cumplen otro fin social: alojamiento de nivel exclusivo para turistas gays. "Nos eligen porque combinan la privacidad y la libertad de manejarse con los servicios de hotel que brindamos", dice Facundo Yebne, de Friendly Apartments . La empresa tiene, en total, 70 departamentos, repartidos entre Recoleta y Barrio Norte. Facundo invita a conocer uno: es una pinturita de diseño, detalles modernos y colores diáfanos, con una cama matrimonial tan ancha como pueda ser una cama, frente al gran ventanal. En el edificio no faltan la pileta, el spa y el gimnasio, requerimientos normales del público gay con cierto nivel económico. Los turistas que viajan solos se quedan un promedio de 8 a 10 días. "Pero hay parejas de gente grande que se aloja por dos o tres meses. Son jubilados que acá pueden vivir con un mejor calidad de vida", explica Yebne. Un dato interesante: como viene sucediendo también con los pasajeros heterosexuales, hay cada vez más turistas gays que, después de conocer Buenos Aires, terminan comprando un departamento. Quedan encantados con la ciudad pero, además, les resulta una buena inversión: dos o tres meses lo usan para pasar su vacaciones y el resto del año lo alquilan a otros turistas. El tango llama y los turistas gays acuden. Es una cita obligatoria; un completo despropósito volver del viaje sin alguna experiencia bailarina. Para eso están las milongas especializadas, como La Marshall , en un primer piso de Maipú al 400. La clase arranca casi puntual a las 22.30. De diez alumnos, cuatro son extranjeros. Primero caminan alrededor de la pista, después bailan. Con un irreprochable argumento –"el tango es un baile social" – el profe Augusto Balizano, pantalones amplios, remerita sin mangas, obliga al cambio de parejas. Todos acatan, alguna mirada celosa viene detrás, pero la clase marcha bien. Los alumnos se desordenan, pero algo van asimilando. Siempre hacen falta más clases. "Los europeos vienen a aprender de un manera más concienzuda. Los estadounidenses viene más para cumplir con el estereotipo", dice el profe Augusto. Después de la clase, sigue la milonga libre, hasta las cuatro. Mark y Francesco atraviesan la cortinita roja y se acomodan en una de la pocas mesas libres. Se conocieron en Los Angeles, hubo rápido impacto, pero ésa es otra historia. El tango puede ser un gran pretexto para conocer gente. Y eso suele ubicarse entre las prioridades de los turistas gays. Pero ¿suelen pagar por sexo? Los operadores turísticos dicen que hay que separar la aguas: relacionarse, sí. Pagar, en la misma proporción que cualquier otro turista. "Por la dudas, nosotros siempre aclaramos que no comerciamos sexo", dice, tajante, Alfredo Ferreyra, de Buegay , agencia de viajes y servicios turísticos. Cuenta que la cantidad de pasajeros viene en franco ascenso en los últimos dos años. "De 2004 a 2005 la demanda de servicios subió un 40 por ciento. Y en el 2006 la tendencia viene muy bien. Este verano fue muy bueno", se entusiasma. Las empresas buscan ofrecer servicios personalizados. El público gay, exigente y, en general, con dinero para solventarlos, los valora mucho: se siente protegido y, sobre todo, informado sobre los circuitos. Es muy común que los viajeros pidan un guía personal bilingüe y gay. Hay city tours diurnos donde se recorren los puntos de interés tradicionales: La Boca, San Telmo, la Plaza de Mayo, Puerto Madero, Palermo. Pero con un valor agregado: los guías van marcando los sitios gay, para que más tarde los turistas se puedan manejar solos o con la ayuda de algún mapa gay, que abundan. El gay venue , mientras, es una salida nocturna que incluye la cena en un restorán del circuito, la visita a un pub y la entrada a la disco. Aunque hay mucho viajeros que llegan con tours que combinan con Río de Janeiro (tradicional destino gay en América latina), en las agencias de turismo especializadas sostienen que últimamente Buenos Aires viene desplazando a la ciudad brasileña porque está considerada más segura y con mayor atractivo arquitectónico y cultural. Río, sostienen, es playa y diversión. Los turistas estadounidenses están a la cabeza de los que llegan. Cerca, los europeos –españoles, holandeses –; también vienen muchos asiáticos –coreanos, japoneses– y australianos. Entre los latinoamericanos, abundan los viajeros mexicanos. Y cada vez se ven más centroamericanos. Como Jonathan Sandoval, odontólogo salvadoreño, 35 años, que está por primera vez en Buenos Aires. Vino solo, recorrió con ahínco el circuito, restoranes, discos, saunas, y quedó más que contento. "Todo está muy barato, la comida, el alojamiento, todo", celebra. Y dice que se está guardando algo de resto para seguir buscando "chicos lindos". O, mejor todavía, "señores lindos", ya que los prefiere maduritos. ADIVINA ADIVINADOR Es muy fácil saber si cinco hombres que están en un un bar son hetero o son gays, teorizan en la comunidad. Si sobre la mesa hay cuatro cafés, y a lo sumo un cortado, sin dudas son hetero. Si piden un capuchino, un cortado, un irlandés, un expreso, un italiano –cada cual una variante distinta–, entonces son cinco gays. Café de todo tipo y cada tipo en un tamaño y color distintivo de taza sirven en el café de Barrio Norte donde Patrick ya añora su experiencia con el pimentero. Retirado, ex operador inmobiliario, ex dueño de florerías, tiene 62 años y una respuesta atlética óptima, que le permitió caminar como poseído para captar cada detalle de la ciudad. Recorrió el circuito gay, y también se sentó en las mesas de los restoranes donde es raro ver a turistas. "Rodeado de americanos ya estoy donde vivo", se excusa, en un aceptable español que mejoró en unas clases que tomó en Buenos Aires. "Los hombres argentinos son muy guapos", dice. "Y las mujeres también", caballero al fin. ** VISITE NOTA ORIGINAL: http://www.clarin.com/diario/2006/06/04/sociedad/s-01208173.htm  La ciudad recibe cada vez más turismo gay. Seducidos por precios que los favorecen, los visitantes dicen que acá encuentran un trato amigable y opciones para pasarla bien.
1 de 3 Un paseo por Puerto Madero. Los barrios más populares del circuito gay son San Telmo y Palermo.
Leonardo Torresi ltorresi@clarin.com
O h, It's over , se terminó, dice Patrick Hatley, de San Diego, sobreactuando la queja. En dos minutos tendrá que cruzar la avenida Santa Fe hasta el departamento que alquiló estas dos semanas, cargar las valijas y, acompañado con celo de oficio por su guía personal, salir rumbo a Ezeiza. Antes, sorbe por última vez de su taza de café. Patrick está de perfecto humor. Cuando el viaje se termina no es el peor momento del viaje. Queda, al cabo, la expectativa propia del regreso: en unas horas, otra vez en casa, será la hora de contar la experiencia, mostrar las fotos, repartir los regalitos; parte del viaje también. Su flamante chaleco de cuero argentino se lo llevará puesto, y la billetera de pecarí ya cumple funciones en el bolsillo trasero del jean. Pero lo mejor que se lleva son algunas sensaciones intrasferibles. Como aquella sorpresa del restorán gay, cuando pidió pimienta, y el mozo se la sirvió, pero no fue del modo tradicional. No: lo abrazó tiernamente por la espalda, y así, sobre sus hombros, accionó el pimentero sobre el plato.
Otra noche, otro lugar, las 0.30, esto recién empieza. Mark y Francesco ocupan una de las mesas de La Marshall , milonga gay del centro. Están fusilados de cansancio; que la noche de Buenos Aires arranque tan tarde es una verdadera curiosidad –y luego un problema– para los turistas extranjeros. Precavidos, ellos aprovecharon el tiempo y más temprano tomaron una clase privada en el hotel donde se alojan, un cinco estrellas tradicional.
"Acá hablan en español, pero por momentos sentís que estás en París", arriesga Mark, de Filadelfia, luchando contra el sueño con todos los músculos de la cara. Más locuaz, o apenas más entero a esta hora, Francesco cuenta sobre un buen señor taxista que anoche supo bien dónde llevarlos cuando entendió qué estaban buscando. Es su cuarta vez en Buenos Aires, pero la mejor, porque es la primera con Mark. Francesco es neoyorquino, hijo de portuguesa y portorriqueño. Ahora se sirve cerveza argentina. Está muy a gusto. "Buenos Aires –concluye– es un buen lugar para la gente gay, definitivamente."
Y así parece que es, y el motivo es múltiple. Los precios, baratísimos al cambio, atraen mucho. Pero eso corre para todos los turistas, claro, y funda el boom global del turismo extranjero desde la devaluación. Que la ley de Unión Civil de homosexuales posicionó a la ciudad, es otro dato. Pero, se sabe, tampoco se trata de viajar para unirse ante la ley. ¿Entonces? Entonces, que Buenos Aires es una ciudad con un aceptable nivel de tolerancia frente a las elecciones sexuales; que ya hay más de 200 bares, restoranes y negocios para el público gay; o al menos, friendly , amigables con la comunidad. Que es difícil que un hotel de categoría niegue una cama matrimonial a un pareja del mismo sexo; que ya hay un puñado de alojamientos exclusivamente gays; que el año que viene se abrirá en San Telmo el segundo 5 estrellas gay del mundo.
¿Algo más? Bueno, al fin y al cabo la capital argentina tiene una Casa de Gobierno "de sugerente color rosa" y su gran símbolo es "una mole fálica de 67,5 metros de altura". Certera observación de la revista Destino Zero , prestigiosa publicación europea del rubro, que puso en la tapa a una pareja de bailarines –hombres– de tango. Y definió a Buenos Aires, sin atajos, como "la nueva meca del turismo gay".
No hay cifras oficiales y es justo: nadie le pregunta a los pasajeros por su orientación sexual. Pero las autoridades del área de Turismo de la Ciudad señalan que la llegada de visitantes gays es creciente y que se trata de viajeros muy codiciados por el negocio local. En la federación internacional que nuclea a las agencias especializadas (IGLTA) se animan con un número: sostienen que los turistas gays superan el 10 por ciento del total.
NOCHES PORTEÑAS
Empezará tarde, pero en Buenos Aires hay noche casi toda la semana, y eso pesa. "A los gays que viajan les gusta mucho la noche –apunta Carlos Melia, de la agencia Pride Travel–. Sobre todo a los que vienen solos, que buscan más la diversión y, además,conocer a alguien."
En la ciudad hay muchos lugares donde intentarlo. En la guía bilingüe GayBA 2006 figuran más de 50 restoranes, bares, pubs tipo pre-dance y discos perfectas para el público gay. Palermo, San Telmo y el centro son las zonas más pobladas por estos locales.
Una referencia bien cool del circuito es el restorán Chueca , en la calle Soler. De afuera nada indica que se trate de un reducto gay, pero adentro –y no deja de ser un extraña escena para los ajenos al circuito– no hay una sola mesa mixta. Muchas parejas de hombres, mayoría, y algunas chicas en grupos. "Hay días que son todos turistas, casi no se habla español", describe Federico Serrat, autotitulado cabeza de león de las relaciones públicas gay, dueño del restorán que tomó el nombre del barrio gay de Madrid.
En Chueca corre el Chandon 187 –dicen que es la bebida gay top– y los platos elaborados, a tono con el público exigente. Sobre la medianoche se produce un recambio, incluso generacional, y nace un clima de bar. Junto a la barra, David, de Australia, saluda a un viajero español que tiene muchas ganas de hacer sociales.
La velada incluye un show de humor. "Chicas lesbianas ¡Tortas! ¡Me encantan!", grita, delicado, un transformista vestido de monja, mientras intenta robarle alguna frase a una rubia de Finlandia que ríe de pura cortesía escandinava. Lo que sigue, y se anuncia, es la ducha : a saber, un tipo depilado que baila robótico adentro de una cabina; cada tanto moja el vidrio con un duchador, y –aquí la gracia– se va quedando en una especie de tanga, y después con nada, pero en esa instancia apenas de espaldas. No podremos dar fe del alcance de sus méritos.
"Los gays vienen a Buenos Aires porque acá están los chicos más lindos", dispara, sin desmarcarse, el RR.PP. Gabriel Di Biaso, anfitrión en Alsina Buenos Aires , megadisco gay a metros de la 9 de Julio. Es la próxima parada después del restó, ya pasadas las dos de la mañana. En la disco hay un 90 por ciento de hombres, entre ellos un considerable número de turistas extranjeros. Más champán, energizante con vodka, mimos y besitos sin drama. En el baño, donde cada tanto entra algún titán con el torso desnudo, no falta el hombre que cuida y, en este caso, entrega algunos chupetines multicolores, casi como la bandera de la comunidad. "En las discos gay nunca vas a ver una pelea. Es un ambiente tranqui", resalta Federico Serrat, también hombre imagen de Alsina , vendiendo lo suyo.
Las chicas –minoría– también están en grupo. Las turistas no escapan a la regla. "Es raro que las mujeres viajen solas. Vienen en pareja y es muy común que viajen en grupos de amigas", cuenta Luciana Páez, de Viajeras.net , una agencia que tiene su fuerte en el turismo lésbico.
Las mujeres apenas suman el 20 por ciento de todos los viajeros gays que vienen a Buenos Aires. Y la diferencia de requerimientos es clara. Se hospedan en hoteles comunes, y en general acceden a los de 4 o 5 estrellas, no por que busquen lujo, sino por los conocidos favores del cambio. "No se fijan mucho porque casi siempre se quedan poco en Buenos Aires. Se van para el interior. Están más interesadas en el contacto con la naturaleza", explica Luciana Páez.
La noche no es un gran atractivo para ellas. Ni las visitas a los shoppings. "Jamás le vendí un tour de compras a una mujer", sostiene la coordinadora de Viajeras .
Con los hombres es lo opuesto. Se quedan más tiempo en Buenos Aires y son minuciosos a la hora de elegir alojamiento. Muchos buscan lo que llaman hotel boutique, lugares con 5 o 6 habitaciones con detalles de diseño o –según el gusto– guiños de estilo.
Además, mueren por la pilcha. El año pasado hubo en Buenos Aires un simposio internacional de turismo gay, y la subsecretaría de Turismo porteña lo aprovechó para hacer un encuesta. Y la ropa, con un 31 por ciento, estaba a la cabeza de lo que habían comprado los concurrentes durante su estadía. Si bien no estuvo dirigido estrictamente a turistas, ese estudio sirve para aproximarse a una idea sobre el perfil de los viajeros gays que llegan a Buenos Aires. El 48 por ciento provenía de los Estados Unidos, el 85 por ciento se había alojado en hoteles de más de 4 estrellas y el gasto diario (incluidas excursiones y entradas de discotecas) promediaba los 438 pesos.
DE FRENTE Y DE PERFIL
Cuando hablan de un turista extranjero gay modelo, los operadores del rubro describen a un hombre de treinta y pico de años, sin obligaciones familiares, buen pasar económico y tiempo disponible para moverse. Calculan que, en promedio, gastan un 25 por ciento más que los turistas heterosexuales. A las parejas las denominan con la sigla DINK, que significa doble ingreso, sin chicos ( double income, no kids ).
"No tienen temporada para viajar y como normalmente no tienen hijos ni una familia para mantener, dedican muchos recursos al ocio y a la salud", refuerza Carlos Melia, representante en Sudamérica de IGLTA, la federación de agencias de turismo gay/lésbico.
Héctor Gómez, español, parece ajustarse bastante bien a ese perfil. Tiene 36 años, es director de marketing, lo apasiona la arquitectura colonial y ha recorrido bastante mundo. Es su tercera vez en Buenos Aires y, se ve, el entusiasmo sigue intacto. "Me gustan las ciudades grandes para mis vacaciones –cuenta a Viva –. Buenos Aires tiene fama mundial de ser una metrópoli fascinante para descubrir. Y no defrauda: salvando las distancias, puede ofrecer los mismos atractivos que Nueva York o Madrid."
Primero vino con amigos y con la pareja que tenía en ese momento, pero esta última vez volvió para ver a la gente que conoció acá. La diferencia que advierte con la principales ciudades europeas es que en Buenos Aires no hay un barrio exclusivamente gay. Y tampoco hay muchas opciones diurnas. "Igual, es un país bastante relajado con el tema gay. Uno se siente muy cómodo siendo gay en Buenos Aires. No he notado ningún tipo de homofobia".
Bermudas en una tarde fresca, de oficio promotor de fiestas, Daniel D'Andrea, 28 años, de Nueva York, viajó para pasar cinco días en Buenos Aires. "Yo vine porque me gusta Evita", simplifica. Como la mayoría, supo de Eva Duarte por Madonna, su verdadera ídola. Es su primera vez en Argentina, cuenta que viene de pasar una noche intensa, planea una visita a las Cataratas y parece encantado con todo: "Quería venir a Latinoamérica y me recomendaron este lugar como algo diferente. Sabía poco de la gente pero me gusta mucho. El problema es que todo empieza muy tarde. Fui a las 12 de la noche a una disco y era el primero".
Daniel conversa con Viva en el hall del Argentina Gay Hostel (claritos los tópicos), su lugar de alojamiento. En la ciudad hay cinco establecimientos de estas características, que funcionan con el sistema de bed & breakfast ( cama y desayuno ).
Este lugar, en Viamonte al 1200, tiene una puerta de vidrio con la inequívoca banderita multicolor que identifica ala comunidad y es una opción económica, con habitaciones con baños compartidos. Eso no quiere decir que todos sus pasajeros sean mochileros con pocos recursos.
"Hay turistas de buena posición que podrían pagar perfectamente el Hilton . Pero acá pueden conocer gente y se sienten más cómodos", pondera Claudia Alfie, la dueña. No tenía experiencia hotelera, pero decidió explorar el rubro. Hace cuatro meses armó el hotel en dos pisos donde antes había oficinas. Por el momento es sólo para hombres, por un simple detalle: las áreas de duchas son compartidas. Ahora se les ocurrió poner espejos por todas partes. "Los gays son muy coquetos. Andan mirándose todo el tiempo en los vidrios", cuenta Ricardo Volcovinsky, el marido de Claudia. Admite que él mismo desembarcó en este negocio cargado de prejuicios. Pero más allá de algún chistecito que aún se permite, ya logró despojarse de ellos. "El ambiente es muy tranquilo. Nadie se pasea desnudo por los pasillos", se alivia.
Pero tampoco la exageración, y entonces no hay objeciones si algún pasajero se equivoca voluntariamente de puerta de habitación o si quiere traer algún acompañante. Eso sí: deberá registrarlo como un pasajero más.
Como el mundo gay es recontraciber, servicios como Internet inalámbrico son fundamentales. También hay otros detalles, como las líneas telefónicas privadas. A muchos nos les haría ninguna gracia que alguien que desconozca su inclinación sexual les haga un llamado y en el conmutador respondan: "Hostel gay, buenas tardes".
Ahora, justamente, suena el teléfono en el hostel de Viamonte. Claudia atiende, pero quien llama le pide que la disculpe, pero se siente un poco incómodo expresando su inquietudes a una mujer. Cero drama. Fernando Villar, recepcionista, se hace cargo de la consulta.
Para el negocio, lo ideal es que los empleados también sean gay. Y así sucede en la mayoría de los casos, tanto con los guías turísticos, como con el personal de los bares, restoranes y los hoteles.
"Hay una mejor comunicación –explica Fernando, el recepcionista –, porque nosotros estamos en la misma frecuencia y sabemos recomendarles lugares. A mí me pasa que muchas veces voy con los compañeros de trabajo a una disco y digo Uy, mirá, ahí está el de la 12. "
DEPARTAMENTO PRIVADO
En Callao, entre Arenales y Juncal, hay un edificio con mucho vidrio, rotundo aspecto de edificio de oficinas; hay, efectivamente, muchas oficinas, pero 36 de los departamentos cumplen otro fin social: alojamiento de nivel exclusivo para turistas gays.
"Nos eligen porque combinan la privacidad y la libertad de manejarse con los servicios de hotel que brindamos", dice Facundo Yebne, de Friendly Apartments . La empresa tiene, en total, 70 departamentos, repartidos entre Recoleta y Barrio Norte. Facundo invita a conocer uno: es una pinturita de diseño, detalles modernos y colores diáfanos, con una cama matrimonial tan ancha como pueda ser una cama, frente al gran ventanal. En el edificio no faltan la pileta, el spa y el gimnasio, requerimientos normales del público gay con cierto nivel económico.
Los turistas que viajan solos se quedan un promedio de 8 a 10 días. "Pero hay parejas de gente grande que se aloja por dos o tres meses. Son jubilados que acá pueden vivir con un mejor calidad de vida", explica Yebne.
Un dato interesante: como viene sucediendo también con los pasajeros heterosexuales, hay cada vez más turistas gays que, después de conocer Buenos Aires, terminan comprando un departamento. Quedan encantados con la ciudad pero, además, les resulta una buena inversión: dos o tres meses lo usan para pasar su vacaciones y el resto del año lo alquilan a otros turistas.
El tango llama y los turistas gays acuden. Es una cita obligatoria; un completo despropósito volver del viaje sin alguna experiencia bailarina.
Para eso están las milongas especializadas, como La Marshall , en un primer piso de Maipú al 400. La clase arranca casi puntual a las 22.30. De diez alumnos, cuatro son extranjeros. Primero caminan alrededor de la pista, después bailan.
Con un irreprochable argumento –"el tango es un baile social" – el profe Augusto Balizano, pantalones amplios, remerita sin mangas, obliga al cambio de parejas. Todos acatan, alguna mirada celosa viene detrás, pero la clase marcha bien.
Los alumnos se desordenan, pero algo van asimilando. Siempre hacen falta más clases. "Los europeos vienen a aprender de un manera más concienzuda. Los estadounidenses viene más para cumplir con el estereotipo", dice el profe Augusto.
Después de la clase, sigue la milonga libre, hasta las cuatro. Mark y Francesco atraviesan la cortinita roja y se acomodan en una de la pocas mesas libres. Se conocieron en Los Angeles, hubo rápido impacto, pero ésa es otra historia.
El tango puede ser un gran pretexto para conocer gente. Y eso suele ubicarse entre las prioridades de los turistas gays. Pero ¿suelen pagar por sexo? Los operadores turísticos dicen que hay que separar la aguas: relacionarse, sí. Pagar, en la misma proporción que cualquier otro turista.
"Por la dudas, nosotros siempre aclaramos que no comerciamos sexo", dice, tajante, Alfredo Ferreyra, de Buegay , agencia de viajes y servicios turísticos. Cuenta que la cantidad de pasajeros viene en franco ascenso en los últimos dos años. "De 2004 a 2005 la demanda de servicios subió un 40 por ciento. Y en el 2006 la tendencia viene muy bien. Este verano fue muy bueno", se entusiasma.
Las empresas buscan ofrecer servicios personalizados. El público gay, exigente y, en general, con dinero para solventarlos, los valora mucho: se siente protegido y, sobre todo, informado sobre los circuitos. Es muy común que los viajeros pidan un guía personal bilingüe y gay. Hay city tours diurnos donde se recorren los puntos de interés tradicionales: La Boca, San Telmo, la Plaza de Mayo, Puerto Madero, Palermo. Pero con un valor agregado: los guías van marcando los sitios gay, para que más tarde los turistas se puedan manejar solos o con la ayuda de algún mapa gay, que abundan. El gay venue , mientras, es una salida nocturna que incluye la cena en un restorán del circuito, la visita a un pub y la entrada a la disco.
Aunque hay mucho viajeros que llegan con tours que combinan con Río de Janeiro (tradicional destino gay en América latina), en las agencias de turismo especializadas sostienen que últimamente Buenos Aires viene desplazando a la ciudad brasileña porque está considerada más segura y con mayor atractivo arquitectónico y cultural. Río, sostienen, es playa y diversión.
Los turistas estadounidenses están a la cabeza de los que llegan. Cerca, los europeos –españoles, holandeses –; también vienen muchos asiáticos –coreanos, japoneses– y australianos. Entre los latinoamericanos, abundan los viajeros mexicanos. Y cada vez se ven más centroamericanos. Como Jonathan Sandoval, odontólogo salvadoreño, 35 años, que está por primera vez en Buenos Aires. Vino solo, recorrió con ahínco el circuito, restoranes, discos, saunas, y quedó más que contento. "Todo está muy barato, la comida, el alojamiento, todo", celebra. Y dice que se está guardando algo de resto para seguir buscando "chicos lindos". O, mejor todavía, "señores lindos", ya que los prefiere maduritos.
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Es muy fácil saber si cinco hombres que están en un un bar son hetero o son gays, teorizan en la comunidad. Si sobre la mesa hay cuatro cafés, y a lo sumo un cortado, sin dudas son hetero. Si piden un capuchino, un cortado, un irlandés, un expreso, un italiano –cada cual una variante distinta–, entonces son cinco gays.
Café de todo tipo y cada tipo en un tamaño y color distintivo de taza sirven en el café de Barrio Norte donde Patrick ya añora su experiencia con el pimentero. Retirado, ex operador inmobiliario, ex dueño de florerías, tiene 62 años y una respuesta atlética óptima, que le permitió caminar como poseído para captar cada detalle de la ciudad. Recorrió el circuito gay, y también se sentó en las mesas de los restoranes donde es raro ver a turistas. "Rodeado de americanos ya estoy donde vivo", se excusa, en un aceptable español que mejoró en unas clases que tomó en Buenos Aires. "Los hombres argentinos son muy guapos", dice. "Y las mujeres también", caballero al fin.
  La vida nocturna, las comidas, los bares, el clima y hasta los perros en la calle. Detalles que los vecinos que se fueron no encuentran por el mundo.
-------------------------------------------------------------------------------- Adriana Santagati. asantagati@clarin.com
Sin los inmigrantes que llegaron a fines del siglo XIX y principios del XX, Buenos Aires habría sido otra ciudad. Décadas después, muchos de los hijos y nietos de aquellos que la hicieron grande fueron los que cambiaron barcos por aviones y emprendieron el camino inverso hacia el mundo. Sean cuales fueran las razones que los llevaron a emigrar, a todos les queda, en algún lugar de la memoria, la nostalgia por el territorio que dejaron. Que se traduce en añoranzas de personas, costumbres, comidas y, claro, de lugares.
No hay cifras oficiales de cuántos nacidos en Capital y el GBA emigraron, pero sí estimaciones globales de la cantidad de argentinos que viven en el exterior: 1.053.000, el doble de los que había cuando volvió la democracia. La última crisis económica empujó a muchos a hacer las valijas. "La gente que emigró conserva un sentimiento ambivalente porque muchos se fueron enojados con el país, pero guardan afecto por su ciudad. Extrañan los espacios por los que andaban, el café, la cuadra, el barrio", asegura Diego Malamed, un periodista que entrevistó a más de 200 exiliados para su libro "Irse". Aquí, nostalgia de porteños que no olvidan los lugares donde construyeron su historia.
"Uno extraña en proporción al motivo por el que se fue. Yo me fui por el trabajo de mi marido, y los primeros tiempos extrañé horrores. Me fui acostumbrando, pero hay cosas que uno no deja de añorar por más que pasen los años". Cristina Lamazares (56) vive en España desde hace 21 años. Conoció a Rodolfo en la empresa que construía las autopistas porteñas, y el periplo de la familia siguió por Madrid, Valencia y Barcelona, donde ahora está instalada. De vacaciones en Buenos Aires, Cristina no deja de despuntar el "vicio" que más la atrae: el teatro. Ya fue a ver a Les Luthiers y "El graduado", y no quiere volverse sin llevarse en su valija el "Enrique IV" que Alfredo Alcón representa en el San Martín. "Aquí hay mucha oferta cultural, de teatros oficiales e independientes. Y el Colón: de pequeña, podíamos no irnos de vacaciones, pero mi padre nos llevaba a mí y a mis hermanas a la ópera", recuerda.
Para Cristina, la diversidad cultural es un distintivo de la Ciudad. "Tengo dos hijas. A la mayor, Paula, la crié aquí. A la menor, Isa, en España. Y la mayor tuvo mejor formación. Aquí, sin un duro, la llevaba todos los fines de semana a ver teatro infantil de calidad. En España, las obras para chicos son todas comerciales: hemos ido a ver un espectáculo de toreros enanos", cuenta.
Una bandera celeste y blanca. Las fotos de cuatro muchachos, rasgos occidentales, con turbantes blancos. Un libro de fotos de Buenos Aires. Un porrón de una conocida marca nacional de cerveza, ésa que invita al encuentro, que está prohibido abrir y que se erige como un tótem de la argentinidad. Esa mixtura se vive en "la casa de los argentinos", que cuatro "compatriotas" tienen en Dubai, en el desierto de los Emiratos Arabes.
¿Qué hacen en Dubai? Fueron por trabajo. Marcos Medina (37, de Ciudad Evita) es piloto de una aerolínea. Jorge del Río (32, Ramos Mejía) y Diego Stuppia (33, Laferrere) son empleados de DaimlerChrysler. Y Andrés Bello (28, de Tierra del Fuego) trabaja en hotelería y se enorgullece de conducir "el único programa latino de radio de todo el Medio Oriente", en la FM Dubai Eye.
Se conocieron allá y rápidamente se hicieron amigos. Tanto, que alquilaron juntos una casa en una ciudad que es una de las más occidentalizadas de los países árabes, porque el 92% de la población es extranjera. Por eso, dicen que fue fácil adaptarse a la comida ("en el supermercado se consigue de todo"), pero que hay sabores que no dejan de extrañar. "Los cañoncitos de dulce de leche que compraba en la panadería San Jorge cuando volvía del boliche, o las empanadas de El Carro, frente a la casa de mis viejos", detalla Marcos. Jorge extraña "una cerveza en los pubs irlandeses de Retiro", y el partido de fútbol cinco en "La Casona", cerca de la estación de Ramos. Y para Diego, hincha de Racing, el Cilindro de Avellaneda no tiene igual, ni en Emiratos Arabes ni en ningún lugar del mundo.
John Argerich lleva un apellido ilustre. Porteño de siete generaciones, este contador difunde lo mejor de su ciudad en el frío de Escandinavia. Vive en Malmö, Suecia, desde 1978, cuando debió irse del país por razones políticas. Y allí abandonó los números para dedicarse a las letras, su verdadera pasión: publicó cinco libros, trabaja como periodista, y tiene una columna quincenal en varios medios europeos en la que les habla a sus lectores "en la entrañable lunfa que mamamos desde el momento de nacer".
Cuando alguien le pregunta qué lugar extraña, John dice que es muy difícil elegir uno. Y empieza a enumerar: "La Costanera, porque siempre sentí obsesión por el inmenso río. El Obelisco, lo más extravagante que tiene mi Ciudad. La magia del Rosedal, donde le robé un beso a mi primera novia. La Recoleta, donde descansa mi madre. El Cabildo, con su enorme sabor de argentinidad". Todas esas cosas intransferibles que él llama "nostridad" y que lo acercan, un poco más, a ese Buenos Aires tan querido.
Para muchos emigrados, la añoranza se encuentra con la nostalgia de la infancia. Alejandro Mellincovsky recuperó esos sentimientos al crear www.lascalesitas.com.ar, el primer sitio de Internet dedicado a las calesitas porteñas. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y en Historia, hace seis años que está radicado en Tel Aviv. Y, además de la calesita de Jean Jaures y Córdoba y de la cancha de Atlanta, destaca de Buenos Aires su geografía urbana. "Uno puede ir de una punta a la otra sin cruzar ningún límite, va a lo largo de una continuidad urbana sin encontrarse con un paisaje monótono. En la mayoría de las ciudades del mundo uno no dice 'voy al centro' sino 'voy a la ciudad', porque la diferencia del centro político y comercial con los barrios es abismal. Eso no pasa allá", analiza.
Tango. Para Buenos Aires, es el emblema que la distingue en el mundo. Para Carina Losano, su sangre. Bailarina y coreógrafa, tiene 33 años y bailó y enseñó tango por todo el mundo. Hoy es la profesora oficial de la Embajada Argentina en Washington, y afirma que poder difundir de esta forma la cultura de su Ciudad es "una responsabilidad y un orgullo". Pero Carina extraña ir a la milonga hasta la una de la mañana y quedarse hasta el desayuno para irse después con los amigos a un café, a charlar y filosofar. La Buenos Aires de sus deseos está inevitablemente asociada al tango: "Mi cuna fue un conventillo, pero de la calle Suárez. Nací en Parque Patricios, me encantaba jugar en el parque, viví en Pompeya y en La Boca, de donde guardo imágenes de las comparsas, las casitas, los festejos de Boca". Y revela dos perlas porteñas que recién descubrió cuando se fue: las charlas de los taxistas y los perros en la calle.
COLABORO: Nora Sánchez
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ESE NO SÉ QUÉ...
Germán Cervetto gcervetto@clarin.com
Ya lo dice el tango, que algo sabe de añoranzas: las callecitas de Buenos Aires tienen ese no sé qué. Difícil definir el "ser" porteño, esa figura atractiva y esquiva a la vez, que impulsa enseguida a recurrir a las imágenes: el dulce de leche, los mates, los umbrales, los olores, la birra, la mufa, la fiaca, el barrio. Esas cosas que nos nutren son las que duelen cuando se está lejos de casa. Lo que sorprende al leer las historias de emigrados es que mucho de lo que añoran, al estar aquí no se valora. Tal vez se pueda disfrutar más de lo nuestro, y no sufrir tanto, otro distingo bien de esta ciudad. Como volver. Ya lo dice el tango.
ORIGINAL: http://www.clarin.com/diario/2005/10/09/laciudad/h-05815.htm   Vacaciones de invierno: durante junio llegaron 20.000 turistas más que en el mismo mes de 2004 En lo que va del año se registraron casi 800.000 entradas en Ezeiza; encabezan la lista los europeos
El mayor incremento, que supera el 105%, se verificó entre ciudadanos mexicanos Dos nuevas encuestas revelan las salidas, las preferencias y los gastos de los visitantes
Más de 120.000 turistas extranjeros llegaron a la Argentina durante el mes pasado para disfrutar de la temporada invernal. Según las cifras que maneja la Secretaría de Turismo de la Nación, ese número representa un aumento del 19,9 por ciento respecto del mismo período del año pasado y, comparado con mayo, el crecimiento fue del 2,7 por ciento.
Pese a que los brasileños están al tope del listado, con 25.896 ingresantes, son los oriundos de México los que registraron un mayor aumento. Mientas que el año pasado entraron por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza 2828 personas de ese país, este año fueron 5822, lo que representa un aumento del 105 por ciento. En el acumulado del año, según las mismas fuentes -de enero a junio- las llegadas de turistas extranjeros sumaron 791.778, lo que representa un incremento del 17% respecto del mismo período del año anterior.
El panorama no puede ser mejor si a esos datos se les agrega el balance que realizó la Encuesta de Turismo Internacional (ETI), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que precisó que los 459.765 visitantes que llegaron durante el primer trimestre dejaron en el país 744.620.681,52 dólares
La fuente señala que los extranjeros permanecieron en promedio 14 días y que gastaron unos 1600 dólares cada uno durante su estada. Los turistas gastaron entonces, en promedio, 117,36 dólares diarios, en los 13,8 días, en promedio, que estuvieron de vacaciones en la Argentina.
"Los que vinieron en mayor número fueron europeos, aunque también resultaron los más «gasoleros» de todos, en tanto que los norteamericanos gastaron más", dice la encuesta consignada por la agencia DyN.
Así, 89.198 turistas provenientes de Estados Unidos y Canadá permanecieron 12,7 días y gastaron 138,10 dólares diarios cada uno.
En cambio, los 147.729 europeos sólo dejaron aquí 93,30 dólares cada uno de los 20,2 días que se quedaron.
Además, llegaron 57.796 brasileños que permanecieron 7,2 días y gastaron 125 dólares diarios, y 41.881 chilenos que utilizaron 115 dólares cada uno de los 5,3 días que se hospedaron aquí.
SONDEOS PARA UN PERFIL
Desde principios de año, técnicos y profesionales de la Secretaría de Turismo y del Indec se abocaron a la confección de dos encuestas determinantes para conocer el perfil de los turistas que visitan la Argentina, así como el nivel y la composición de sus gastos personales.
Una de ellas es la Encuesta de Ocupación Hotelera (EOH) que se realiza en 39 puntos del país, con el objetivo de alcanzar una representatividad regional y nacional de la ocupación hotelera mensual. Esta encuesta mide las llegadas de viajeros, su origen y permanencia; pero también la evolución de la actividad, el empleo del sector, así como la oferta y utilización de la capacidad instalada.
Este relevamiento se complementa con la ETI, citada anteriormente, que mide no sólo la cantidad de extranjeros que ingresan en el país, sino también el motivo del viaje -ocio, negocios, visita a familiares- y el tipo de alojamiento que eligen, entre otros detalles de significación para el sondeo.
El relevamiento se realiza en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en el Aeroparque Metropolitano, en el puerto de Buenos Aires, y en los pasos fronterizos de San Ignacio de Loyola, que une la provincia de Formosa con Paraguay; Tancredo Neves, que une Puerto Iguazú, en Misiones, con Foz do Iguaçú, en Brasil; Los Horcones, que une Mendoza con Chile, y el puente General San Martín que une Gualeguaychú, en Entre Ríos, con Fray Bentos, en el Uruguay.
TURISMO Y DESARROLLO SUSTENTABLE
(DyN).- Con el Programa de Mejora de la Competitividad del sector turístico, la Secretaría de Turismo de la Nación ingresó en la última etapa de gestión de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por 33.000.000 de dólares. La intención es incrementar sostenidamente la generación de divisas provenientes de la actividad turística, tanto en el corredor de Los Lagos, en el Sur, como en el corredor Iguazú-Misiones. Está previsto que el programa sea elevado al directorio del BID para su aprobación el próximo 27 de este mes, y en agosto podría firmarse el convenio.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/722178   Es noticia. La ciudad de Buenos Aires recibe cada año más turismo internacional. Una actividad que genera admiración para el visitante, además de empleo y orgullo para los porteños. La Plaza de Mayo, los barrios de La Boca y San Telmo, los tradicionales cafés y sus detalles escondidos son los escenarios preferidos de los viajeros, atraídos por la magia de esta ciudad al sur del mundo. A continuación, una mirada con ojos de extranjero, con ganas de sorprenderse.
Para ver el FotoReportaje entrar en:
http://www.clarin.com/diario/2005/05/23/conexiones/t-981539.htm
(Copyright) Clarín 2005   Para descubrir el subsuelo porteño.
En Mayo del 2005 se pone en marcha el programa "Historias bajo las baldosas", para recorrer los túneles
Comprende visitas guiadas, concursos y material para trabajar en las escuelas Los visitantes descubren lo que sobrevive debajo de la ciudad y qué ayudó a construir su identidad
En la piel se percibe rápidamente el cambio de temperatura. Unos cuantos grados menos que el sol de la superficie. El olor a humedad es intenso. Tan fuerte que, más que respirarse, se siente. La vista nos transporta en el tiempo a una ciudad por la que ninguno de nosotros caminó. La curiosidad y el misterio se agrandan a cada paso por el Zanjón de Granados, un laberinto de túneles centenarios que sobrevive bajo las calles del barrio porteño de San Telmo.
Es que Buenos Aires abre sus entrañas. Deja que conozcamos su pasado, que buceemos en su intimidad y sintamos su historia. El programa "Historias bajo las baldosas" busca que los habitantes de la ciudad conozcan la transformación urbana, a través de las distintas huellas que fue dejando el pasado en nuestras calles.
Se trata de un proyecto interdisciplinario de la Secretaría de Cultura porteña, a través de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural, con el aporte de otras áreas del gobierno porteño y de distintas instituciones. Su objetivo es revelar lo que está oculto debajo de Buenos Aires y ayudó a construir la identidad colectiva porteña.
El programa desarrolla múltiples actividades y esta semana comenzó el ciclo de visitas guiadas para alumnos y visitantes por el subsuelo de la ciudad.
Galerías, túneles, museos bajo tierra y depósitos de agua ayudan a reconstruir la vida de los porteños de hace décadas y más décadas. LA NACION participó de una visita guiada por dos "perlitas" del recorrido: Michelangelo y el Zanjón de Granados.
Los túneles del hospital Braulio Moyano son otro imán para aventureros urbanos. Hace falta armarse de cuidado y no perderse: el hospital tiene más de 30 hectáreas. Lugares bajo tierra abundan en la ciudad, como la Aduana Taylor, los túneles de la Manzana de las Luces, el museo bajo tierra de la Escuela Técnica Otto Krause o la Planta de Agua San Martín. También hay una larga lista de sitios arqueológicos visitables, como la Casa del Mirador, en Hipólito Yrigoyen 3450, o donde estaba La Panadería (hoy Roof)), en Costa Rica 4001.
"Historias bajo las baldosas" tiene cuatro años de existencia. "Lo importante es que creció cualitativa y cuantitativamente -explicó la subsecretaria de Patrimonio Cultural porteña, la arquitecta Silvia Fajre-. Fuimos buscando la mayor adaptación a las escuelas y buscando cada vez más participación de la gente."
No sólo se trata de informar, se quiere atraer y concienciar a los porteños sobre el inmenso valor que persiste bajo el asfalto.
Sólo el año pasado unas 7000 personas participaron del programa, que realiza un profundo trabajo con las escuelas.
"Todo esto permite entender a la ciudad como algo dinámico, en cuya transformación van quedando huellas del pasado", señaló Fajre.
"Tocar" la historia
La tanguería Michelangelo, en Balcarce 433, encierra los restos de un viejo almacén colonial. La excavación arqueológica que echó luz sobre las costumbres del siglo XVIII dejó abierta la puerta. Y hoy puede visitarse ese antiguo depósito que funcionaba a metros del río, cuando una de las salidas del puerto estaba a la altura de la calle Venezuela.
"Acá se encontraron una moneda de plata de 1600 y hasta un molar humano", contó el arqueólogo y guía profesional, Marcelo Weissel. "La idea es que grandes y chicos «toquen» la historia, que puedan saber cómo era la ciudad vieja", agregó.
No desconoce el misterio que provocan los túneles entre los visitantes, sea cual sea la edad que éstos tengan. "El zanjón estaba sobre el límite sur de la primera Buenos Aires, en 1580. Un curso de agua estacionario llenaba el zanjón e impedía que se pudiera atravesar", detalló el arqueólogo frente a la puerta de Defensa 751. Un lugar increíble nos esperaba del otro lado.
Son más de 3000 metros cuadrados de túneles, en los que 20 años de trabajo permitieron abrir paso por debajo de la superficie.
"Piedra, madera, asfalto. ¡Si me enterraran bajo el pavimento! Piedra, madera, asfalto. ¡Y en una calle del centro! Piedra, madera, asfalto. Casi no estaría muerto." El director del proyecto El Zanjón de Granados, Jorge Eckseen, lee los versos de Baldomero Fernández Moreno y muestra los centenarios trozos de esos materiales encontrados en el predio. "De estos huesos de la ciudad, nosotros desgrabamos la memoria de nuestro pasado -explicó orgulloso-. Le estamos encontrando el sentido a cada piedra."
El programa también tiene una muestra itinerante para alumnos porteños, "La Caja de las Baldosas", que se propone que los chicos interpreten la historia natural y cultural porteña. Las tertulias urbanas móviles por el centro histórico, los concursos, las publicaciones y los videos son otras herramientas del programa. Para conocer el cronograma de visitas y sumarse a la experiencia, hay que llamar a los teléfonos 4372-6714 o 4371-0627.
Por Cynthia Palacios De la Redacción de LA NACION
Link nota original: http://www.lanacion.com.ar/701762
  1860-1870
Es una época que aún hoy interesa a los investigadores porque significó una bisagra en la historia: había grandes contrastes y convivían hábitos de la colonia con los primeros avances de la modernidad.
La cúpula de la Iglesia Nuestra Señora de Balvanera enmarca la escena desde lejos. Los edificios de Once no existen, pero sí el ferrocarril y la plaza, que es uno de los puntos de concentración adonde llegan carretas con madera, lana, cueros, frutas o vino. Es 1867. Bartolomé Mitre es el presidente de la Nación y la calle que lo homenajeará todavía se llama Piedad.
La foto de Benito Panunzi, que ilustra esta nota, retrata los contrastes de una década bisagra, entre 1860 y 1870, en la que Buenos Aires dejó de ser una aldea. "Las imágenes documentan cómo la colonia convivía con la modernidad —explica Luis Priamo—, que rescató fotos de Panunzi y Esteban Gonnet y editó el libro "Buenos Aires, ciudad y campaña". Allí se ven gauchos e indios, también la Aduana Taylor y el primer Teatro Colón, que ya no existen.
Con menos rating que otras épocas más glamorosas, sin embargo, la década de 1860 sigue fascinando a los historiadores. Como al investigador y experto en genealogía Jorge Lima, del Instituto de Estudios Históricos de San Isidro, que prepara una obra basada en un catastro de la época (ver Una población...).
Es que esos años marcan la llegada de la modernidad a esta orilla. Son tiempos de transición, donde las costumbres coloniales coexisten con los avances de la era industrial. En 1862, un año después de la batalla de Pavón, Buenos Aires se reincorporó a la Nación y se convirtió en la sede de las autoridades del país reunificado. La ciudad floreció, sostenida por su puerto y la riqueza de la región pampeana.
La sociedad avanzaba al ritmo de los tiempos. En 1860 se celebró la primera boda judía, entre el joyero francés Salomón Levy Shwab, de 38 años, y su novia Elisabeth, de 17. La autorización judicial fue lograda por el abogado y católico notable Miguel Navarro Viola que, según cita la revista Todo es Historia, opinó que se trataba de "un comercio moral de los pueblos civilizados y cultos". Los extranjeros traían su trabajo e industria, "dándoles nosotros las ventajas de poderla ejercer con la más amplia libertad, sin preguntarles cuál es la forma en que adoran a Dios".
El censo de 1869 reveló que Buenos Aires tenía 177.787 habitantes, el doble que en 1855. Y casi la mitad eran extranjeros. Esta inmigración se reflejaba en los comercios. En su libro "La Gran Aldea", Lucio V. Mansilla critica a los nuevos tenderos franceses y españoles y describe las tiendas de origen criollo, de 1862: "Las tiendas europeas de hoy, híbridas y raquíticas, sin carácter local, han desterrado la tienda porteña de aquella época, de mostrador corrido y gato blanco formal sentado sobre él a guisa de esfinge".
A la hora de la diversión, muchos porteños eran asiduos de las riñas de gallos, reglamentadas en 1861. Había una en la calle Venezuela 162 y la temporada se extendía de mayo a enero. Más elegante era ir a la ópera en el primitivo Teatro Colón, que estaba en Rivadavia y Reconquista, donde hoy se levanta el Banco Nación. Inaugurado en 1857 con La Traviata, de Verdi, el teatro era una obra de Enrique Pellegrini, padre del que sería presidente. Tenía capacidad para 2.500 personas y una sala de 15 metros de ancho iluminada por una gran araña de lámparas de gas. La platea estaba reservada para los hombres, mientras que las mujeres se ubicaban en la "cazuela".
En ese entonces, la actual Plaza de Mayo eran dos plazas: la 25 de Mayo y la de la Victoria. Las separaba la Recova Vieja, propiedad de la familia Anchorena, que alquilaba sus locales para comercios. "Fue construida en nueve meses, duró 81 años y fue demolida en cinco días", dice León Benarós en Todo es Historia. Es que, levantada en 1803, la Recova fue tirada abajo en mayo de 1884 por orden del intendente Torcuato de Alvear, que quería despejar la plaza para la fiesta del 25.
En agosto de 1857 se inauguró el primer ferrocarril, el del Oeste, que iba a Floresta. Y seis años después nació un nuevo transporte que revolucionó la ciudad: el tranvía a caballo. Al principio, acercaban a los viajeros a las estaciones de trenes. Pero muy pronto, se extendieron: en 1871 ya había cuatro compañías que cubrían 300 cuadras.
Por aquellos días, las calles eran angostas y cuando llovía, se volvían arroyos. "Entonces —cuenta Benarós en Todo es Historia— aparecían hombres con unas tablas que tendían de una acera a otra, recogiendo pingüe ganancia de los transeúntes que querían pasar al otro lado". Es cierto que caminar ofrecía sus peligros. En 1869, un diputado nacional se cayó cruzando el puente del arroyo Tercero, en Paraguay y Florida, y quedó vergonzozamente embarrado.
En 1869, mientras las entidades bancarias se multiplicaban, el hotel Hispano-Argentino de la calle Piedras, entre Belgrano y Moreno, alojaba a una delegación de 17 indios patagónicos. "El dato surge del censo de 1869 —cuenta Jorge Lima—. La comitiva estaba encabezada por el cacique Faustino Huenchuquir, de 70 años".
Curiosidades de una Buenos Aires que dejaba atrás su pasado colonial para transformarse en una urbe cosmopolita.
-------------------------------------------------------------------------------- Nora Sánchez. nsanchez@clarin.com
........................................................................................................... LOS ORIGENES Claudia Amigo camigo@clarin.com
Jorge Luis Borges llegó a imaginar en uno de sus más famosos poemas el río como azulejo y barquitos pintados cargados de hombres en el momento de la fundación de Buenos Aires. En segunda instancia prefirió darle otro origen, uno inventado, y halló el mito en una manzana entera de Palermo, su barrio, con almacenes, organitos y corralones. La historia, siempre viva, marca, sin embargo, una fecha (los años cercanos a 1870) para la llegada de la modernidad. Antes, era una aldea, pueblo perdido hijo del contrabando. Buenos Aires no siempre fue grande, no siempre fue faro ni reina. Aunque, al igual que el escritor, los porteños nos inclinemos por creerla eterna como el agua y el aire.
................................................................................................................. FALTA DE AGUA, PESTES Y VELATORIOS
La década de 1860 trajo avances, pero también pestes. Había iluminación a gas, pero no agua corriente. Los aguateros la sacaban del río y la almacenaban en toneles plagados de gérmenes. Algunas casas tenían aljibe. Otras, pozos que extraían el agua de la primera napa, contaminada por las letrinas vecinas.
En 1867 hubo una gran epidemia de cólera. Un año después, el gobernador Adolfo Alsina abrió zanjas y colocó cañerías. Y en 1869 se estrenó el primer tramo de aguas corrientes, con 20.000 metros de caños, filtros en la Recoleta y un depósito de agua en Plaza Lorea. Esto no impidió que, en 1871, estallara la fiebre amarilla que causó 13.725 muertes y el éxodo de las familias ricas hacia la zona norte.
Un artículo de Miguel Angel Scenna en "Todo es Historia" indica que en 1870 había 160 médicos, uno cada mil habitantes. También, 128 farmacéuticos, 54 parteras, 15 dentistas, 3 pedicuros y 16 flebótomos, que eran especialistas en hacer sangrías.
Por si acaso, en 1868 un reglamento de cementerios exigía que los muertos repentinamente "o con pocas horas de enfermedad" fueran observados durante 30 horas. Los ataúdes permanecían destapados. El muerto tenía un cordón atado a una de las muñecas: si se movía, accionaba una campanilla en el cuarto del guardián.
.............................................................................................................. UNA POBLACION HETEROGENIA
Entre 1860 y 1870, por orden de la Municipalidad porteña, el ingeniero inglés Peter Beare hizo el primer relevamiento minucioso de Buenos Aires, manzana por manzana, casa por casa. El original de este trabajo se conserva en el Museo de la Ciudad. Basado en los datos de este catastro, los del censo de 1869 y un almanaque comercial de la época, el historiador Jorge Lima prepara una obra sobre "La ciudad de Buenos Aires y sus habitantes" en esta década.
"Tomando una manzana testigo, noté que sólo el 29,4% de sus habitantes eran de Buenos Aires. El 66% eran europeos y el 40% de los extranjeros eran de países de habla no hispana", afirma Lima.
El historiador también repasa los apellidos de las familias ricas, dueñas de la mayor parte de las propiedades de la ciudad: los Anchorena, García de Zúñiga, Blaquier, Escalada y Ezcurra. Y narra una curiosidad, surgida del censo de 1869: "Los rufianes, alcahuetes y rameras fueron censados en sus locales, que eran legales. Las prostitutas aún eran argentinas, generalmente del interior, y los rufianes y alcahuetes eran alemanes y franceses". Con el tiempo, la mayoría de las prostitutas también provenían de Europa.
VER LINK DEL ORIGINAL EN: http://www.clarin.com/diario/2005/04/24/laciudad/h-05615.htm   Personajes fabulosos o fantasmagóricos, con orígenes fundamentados en la historia o generados en rumores, ya forman parte de la identidad de cada barrio.
La otra historia de Buenos Aires no está en los manuales. Como todas las grandes metrópolis, cuenta con cientos de autores anónimos que con sus leyendas también construyen la identidad urbana. Son relatos —los hay oscuros y sangrientos, pero también eróticos y misteriosos— que se instalaron en el imaginario porteño. Aunque nadie conozca muy bien el origen.
Hay una ciudad espectral, habitada por personajes extraños en los que muchos creen y dicen haber visto. Tanto que son parte de cada barrio. Como los fantasmas que sobrevuelan casonas abandonadas, la dama que intentó escapar de su tumba, una niña aristocrática asesinada por su amante y bestias fabulosas como el Gigante de Once. Algunos relatos, ya clásicos, tienen en sus orígenes fundamentos históricos. Otros, el rumor que va de boca en boca.
"Este tipo de leyendas se corresponden con la tradición oral de las ciudades, heterogéneas por definición. Y en Buenos Aires también se trata de buscarle explicación a las verdades generadas espontáneamente", explica la socióloga Daniela Tregierman.
Libros, páginas en Internet y circuitos turísticos recuperan parte de estas leyendas. Para el historiador Felipe Pigna, autor de "Los mitos de la historia argentina I y II", el de los mitos urbanos es un tema que nunca pasa de moda: "Hay algo de verdad, aunque no se pueda comprobar. La gente deposita deseos y expectativas en aquellas narraciones irrealizables", reflexiona.
Guillermo Barrantes y Víctor Coviello son dos jóvenes escritores que rastrearon leyendas urbanas inéditas y las plasmaron, con espíritu detectivesco, en el libro "Buenos Aires es Leyenda". "Con los mitos pasa algo similar a la teoría de la supervivencia del más apto de Darwin: es la supervivencia de la historia que más le gusta al oyente. Alguien puede escuchar tres versiones de una misma historia y se va a quedar con la que más le gusta y ésa es la que va a reproducir", explica Barrantes.
Las leyendas, por definición, cuentan con un fondo real que es transformado por la tradición. Pero para Coviello representan mucho más: "Son como las flores que crecen en medio del cemento, en los balcones: algo fantástico y delirante que nace en medio de la Ciudad". Pasen, tiemblen y vean las invenciones fabulosas de Buenos Aires.
El gigante de Once que salva vidas
Según cuenta una historia de larga data, por las calles de Once vaga un personaje de casi tres metros de altura que cuida a los habitantes del barrio. Este gigante "bonachón" ha salvado a víctimas de choques y ha espantado a más de un malhechor, o al menos esto es lo que narran los vecinos de Balvanera que confían en su presencia protectora.
Algunos afirman que este ser es el mismísimo Golem, un hombre artificial creado en el siglo XVI por un rabino de Praga, llamado Judah Loew ben Bezabel. Si bien la historia oficial habla de un solo Golem, otros afirman que Bezabel creó trece de estos humanoides de arcilla y que uno de ellos llegó a Buenos Aires, de la mano de un rabino, con los inmigrantes judíos.
De allí en más, la historia se bifurca en varias versiones: algunos cuentan que antes de morir el rabino encerró al gigante en una habitación a la que nadie puede entrar, que estaría en el anexo de un hospital, en Caballito. Otros creen que vive en un callejón oculto, que podría ser el pasaje Colombo o el Victoria. De una u otra forma, hay vecinos que aseguran que el gigante le salvó la vida a más de uno.
Dulce venganza arquitectónica
Esta es la historia de dos familias enfrentadas que dejó sus huellas en Retiro. Los Anchorena, que vivían en el actual Palacio San Martín con 150 sirvientes. Y los Kavanagh, adinerados, aunque no patricios. Hacia 1920 los Anchorena construyen la iglesia del Santísimo Sacramento como futuro sepulcro familiar. Cuenta la leyenda que uno de los Anchorena se enamoró perdidamente de una Kavanagh, aunque el romance no fue aprobado por su familia. Corina Kavanagh decidió una venganza arquitectónica: en Florida y San Martín, ordenó la construcción de un edificio cuyo único requisito era que impidiera la vista desde el palacio Anchorena a la iglesia, objetivo que aún cumple el edificio Kavanagh. "Incluso, si alguien quiere mirar de frente la actual basílica del Santísimo Sacramento, debe pararse en el pasaje "Corina Kavanagh", relata Eduardo Lazzari, presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre.
Ajos contra el enano vampiro
Se trata de uno de los relatos más fascinantes del libro “Buenos Aires es leyenda”. Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires con el Circo de los Zares a fines de los 70. Belek, que provenía de la zona de los Cárpatos –como el conde Drácula–, fue expulsado luego de que el dueño del circo, Boris Loff, el Hombre Bala y la Mujer Barbuda lo encontraran prendido al cuello de Vera, una mono tití.
Pero el mito de Belek, el enano vampiro, apenas comienza allí.
El verdadero horror se desató cuando se refugió en una casa semiabandondada del Bajo Flores y los gatos del barrio comenzaron a desaparecer misteriosamente.
La leyenda cuenta que la gente protegió sus casas con ristras de ajo y todos llevaban crucifijos por miedo a sus ataques. Una noche de invierno, los hombres del barrio cazaron al enano vampiro con la red de un arco de fútbol, cerca de la estación Flores, pero se les escapó. Aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sigue haciendo de las suyas.
El castillo de los amantes trágicos
En Campana al 3200, cerca de las vías, se alza el enigmático “Castillo de los Bichos”, llamado así por las molduras con formas de animales. A principios del siglo XX perteneció a la familia italiana Giordano. Lucía, la única hija, conoció a un violinista, Angel Lemos y el romance no tardó en surgir. Se casaron el 1° de abril de 1911 y cientos de invitados disfrutaron del banquete.
Hacia la madrugada, la pareja advirtió que el auto que los debía trasladar no estaba en la puerta, sino unos pasos más allá de la casona, cruzando las vías: un detalle que se convirtió en tragedia, ya que un tren los arrolló. Isabelino Espinosa, de la Junta de Estudios Históricos de Villa del Parque, cuenta que los ocasionales ocupantes de la casona salían despavoridos, asustados por los gritos desgarradores de una joven mujer y un violinista.
Se buscan los ojos de un hombre
Por los vagones de la línea Mitre deambulaba un hombre sin párpados.
Según dicen, siempre subía o bajaba del tren en la Estación Coghlan y murió en circunstancias de lo más raras. Para algunos, contrajo una terrible infección en los ojos. Para otros fue víctima de un accidente o, peor aún, se suicidó arrojándose a las vías. Barrantes y Coviello cuentan que, cuando investigaron este mito, les llamó la atención encontrar que de las ocho personas que estaban en el andén, seis de ellas miraban los rieles, como si estuvieran buscando los ojos del hombre sin párpados, a los que algunos les atribuyen poderes.
Felicitas, la iglesia y su fantasma
Joven y bella, Felicitas se casó en 1862 con Martín de Alzaga, un hombre mayor y acaudalado. Al año siguiente, y después de perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda. Tenía apenas 26 años, una de las fortunas más grandes de la Ciudad y muchos pretendientes. Uno de ellos, Enrique Ocampo, supo que un rival, el estanciero Samuel Sáenz Valiente, era el verdadero amor de la dama. Enfermo de celos, Ocampo le disparó a Felicitas un tiro por la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir en homenaje a su hija una capilla. Está en Isabel La Católica, entre Pinzón y Brandsen.
“Es una historia trágica de amor que dio lugar a muchos mitos”, cuenta Diego Ziggioto, a cargo de la empresa Horizontes que realiza circuitos turísticos no convencionales. Los vecinos dicen que cada 30 de enero, fecha de su muerte, aparece el fantasma de Felicitas, que vaga ensangrentado.
“Muchas mujeres cuelgan cintitas de la reja, porque si uno se agarra fuerte conseguirá el amor de su vida, y si ya lo tiene, lo conservará. Es una de las historias preferidas por las chicas, que corren a agarrarse de las rejas apenas la escuchan”, dice el guía.
Cuando el Borda se llenaba de luz
Solaris, el ser de otro planeta que llegó al Hospital José T. Borda e iluminó a los internos con sus fiestas energéticas” también alimenta los mitos porteños. Durante su estadía en el neuropsiquiátrico, Solaris –a quien describen como alguien delgado, de ojos grandes, muy blanco y completamente lampiño– se reunía con alrededor de 50 internos para recitar un mantra. Durante el rito, los testigos afirman que parecía iluminarse.
Si bien los médicos tienen argumentos para explicar este caso, hay hechos oscuros.
Aparentemente, Solaris –quién desapareció un 25 de diciembre– dejó escritos indescifrables que, a pesar de ello, tienen coherencia interna.
Además, cuentan que el grupo sanguíneo de este hombre que decía ser un alien no encaja con ningún patrón conocido.
En la Costanera vive el Reservito
Así como el Lago Ness de Escocia tiene su propio monstruo y el Nahuel Huapi esconde al suyo, algunos aseguran que en la Reserva Ecológica Costanera Sur también habita un animal misterioso, mitad rata, mitad perro, apodado “Reservito”.
Una de las hipótesis que se barajan afirma que los reiterados incendios que azotan a la Reserva son producidos intencionalmente con el objetivo de liquidar a Reservito, que en más de una ocasión atacó a algún desprevenido.
“Si la gente cree, el mito existe. A veces son historias inverosímiles, pero las creemos igual, yo incluido –dice Víctor Coviello–. Cuando paso por la Reserva Ecológica no puedo evitar pensar a ver si mi ataca el bicho ése”.
La dama de blanco llora en la Recoleta
Rufina era descendiente de una familia porteña de abolengo, hija del escritor Eugenio Cambaceres. La noche en que celebraba sus 19 años se preparaba para a ir al teatro. Pero fue encontrada muerta. Tres médicos se encargaron de revisarla porque la noticia estremeció a la aristocracia porteña. "En el obituario de los diarios figura esta información", revela Omar López Mato, autor de "Ciudad de Angeles", un libro que repasa historias del cementerio de la Recoleta.
Después del veloz entierro (no hubo velatorio) un familiar visitó su tumba y descubrió un leve desplazamiento del ataúd. La leyenda cuenta que cuando lo abrieron, encontraron golpes y rasguños en la cara de Rufina, provocados, quizás, en su intento por escapar. ¿Había sido enterrada viva? La versión de la catalepsia empezó a correr en la Buenos Aires de 1903, sobre todo por la escultura de una joven abriendo la puerta de la tumba que decora aún hoy la bóveda. ¿La estatua dio lugar a la leyenda? ¿O fue al revés?
Quizás el alma en pena de Rufina sea la dama de blanco que muchos juran haber visto vagando por la Recoleta.
Candados en la Casa de la Palmera
En Congreso se destaca como una exquisita casona de estilo. La mansión de Riobamba 142, que tiene una palmera en el jardín de entrada, fue comprada en 1930 por Catalina Espinosa, viuda de un médico español con el que tuvo seis hijos, cinco varones y una mujer, Elisa, quien era profundamente religiosa.
Cuenta Diana Arias —guía de turismo y docente de la carrera de Turismo del Instituto Perito Moreno— que los hijos varones eran muy deportistas y mujeriegos, lo que ponía los pelos de punta a la pobre Elisa. A medida que los hermanos morían, ella clausuraba la puerta de sus habitaciones con candados que nunca jamás fueron abiertos. Para ella, el cuarto más pecaminoso era el del subsuelo: era allí donde un hermano mantenía relaciones con la mucama.
En 1992, con la muerte de Elisa, la casona entró en estado de abandono. Y desde ese momento, dicen, siempre está en venta. Esta leyenda, según explica Diana Arias, justifica que "muchos la consideraran la fuente de inspiración que Julio Cortázar encontró para escribir el célebre cuento 'Casa Tomada'".
Vivian Urfeig
Para saber más
Libros
"Ciudad de ángeles", de Omar López Mato, Ed. Grijalbo.
"Buenos Aires es leyenda", de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, Ed. Planeta. Tienen un buzón de mitos urbanos en http://ar.geocities.com/bsasmitos/bsasleyendas.html
Visitas guiadas
Buenos Aires Misteriosa 1 y 2. Viernes y sábados a las 20.30. Reservas al 4951-6642. Costo: $ 14 por persona. Organiza la empresa Horizontes.
Cementerio de la Recoleta. Domingos a las 16.30. Informes: 15-4189-1649.
Cementerio de la Recoleta: abierto todos los días de 8 a 18. Visita guiada gratuita: ultimo domingo de cada mes a las 14.30. Informes: en la Subsecretaría de Turismo porteña, tel. 4803-1594.
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http://www.clarin.com/diario/2005/03/27/laciudad/h-05001.htm
  Casi el 90% de los argentinos toma la infusión y sólo en 2004 compraron 230 millones de kilos de yerba. El 11% de la producción se exporta.
Infaltable por la mañana o por la tarde; buena excusa para una charla de amigos; testigo de interminables horas de estudio o trabajo; dulce o amargo, caliente o frío, yerba con o sin palo, tradicional o saborizada, y algunos hasta creen que tiene propiedades curativas. El mate es parte de nuestra identidad nacional. Es la infusión más consumida en el país, según lo confirman las estadísiticas: el 88.8% de los argentinos consume yerba mate. Además, la Argentina es el primer consumidor mundial y también el mayor productor.
El origen del consumo de yerba mate –cuyo nombre científico es Ilex paraguarienses– se pierde en el tiempo. Formó parte de la alimentación básica de los guaraníes que la denominaban “caa-mate” (“caa”: planta o hierba, y “mate” derivaría del quechua “matí”: calabacilla para beber), y fue a través de ellos que llegó a los conquistadores españoles. Su consumo se extendió de tal manera que se organizó un intenso tráfico. Luego, los jesuitas introdujeron el cultivo en sus “misiones” pero con su expulsión, hacia 1769, se perdieron tanto los yerbales como la tradición del cultivo. Más de cien años después, en Paraguay, Federico Neumann logró obtener la germinación de semillas de yerba mate. Y en 1903 se realizó la primera plantación racional y de importancia, en San Ignacio, Misiones. Unos años después el cultivo comenzó a expandirse.
Fuente de vitaminas y minerales, poderoso antioxidante, efectivo contra el colesterol y de efecto energizante, hoy, el mate es parte de la rutina diaria de los hogares argentinos. Desde la Cámara de Molineros de Yerba Mate de la Zona Productora arrojan una cifra muy significativa: el consumo del mercado interno en 2004 fue de 236.428.805 kg de yerba y representa un 89% del total producido en el país. Roberto Montechiesi, director ejecutivo de la institución, sostiene que “en nuestra zona productora –Misiones y Noroeste de Corrientes– hay 18.000 productores, 260 secaderos y 140 molinos, de los cuales alrededor de 20 concentran el 70% de la producción”.
Según Ibope, TGI Argentina 2004, en una muestra de 18.026.000 personas de entre 12 y 75 años, tomada entre abril y octubre de 2004, en ciudades de más de 50.000 habitantes, en nuestro país hay 16.015.000 personas que consume yerba mate, es decir un 88.8%. Capital Federal y GBA registran el mayor porcentaje de consumo (48.70%). El hábito de tomar mate también varía de acuerdo a la clase social de pertenencia. Con un 56% del consumo total, la clase baja es la que más lo toma, mientras que en los segmentos más altos se consume sólo el 10.10%.
Las mujeres son más tomadoras de mate que los hombres: 89.50% contra 88.20%, según el mismo estudio realizado por Ibope. Por último, la gente de entre 12 y 19 años es la que más yerba compra (19.70%), seguida del segmento de entre los 25 y los 34 (19.50%). Entre los años 2000 y 2004 el consumo de yerba no varió, a pesar de la crisis que sufrió el país. “A lo sumo la gente cambió de marca, pero no se registraron variaciones”, afirman en la consultora.
A su vez, el consumo per cápita anual de yerba mate es de 6.4 kg, mientras que en el caso del café es de 0.9 kg y, en el del té, de 0.16 kg, indican tanto en la Cámara como en el Informe de Infusiones de enero de 2005, elaborado por la Dirección Nacional de Alimentos. En relación a otras bebidas, Roberto Montechiesi compara: “Una persona consume al año alrededor de 30 litros de vino, 50 litros de gaseosa, 18 de agua mineral, 34 de cerveza... y 100 litros de mate”. Y enfatiza: “Se toma tanto mate como agua corriente”.
Luis De Bernardi, responsable del área de Infusiones de la Dirección Nacional de Alimentos, afirma que “hay alrededor de 125 empresas de yerba mate inscriptas, pero muchas producen más de una marca”. Montechiesi, por su parte, contabiliza “arriba de 320 marcas”. Entre las principales, se encuentran Taragüí y Unión, de Establecimiento Las Marías S.A.; Nobleza Gaucha (Molinos Río de la Plata S.A.), La Tranquera, Rosamonte, Cruz de Malta, CBSé, Amanda y Romance. A su vez, Las Marías también produce La Merced y Mañanita; y Molinos, Chamigo. “Un dato importante es que entre las 10 primeras, se ubican tres cooperativas: Liebig (Playadito), Santo Pipó (Piporé, Mulita y Sublime) y Montecarlo (Aguantadora)”, dice De Bernardi. Otras firmas medianas son La Misiónense y Buen Día.
Yerba mate de exportación
El mercado interno es el más rentable, pero muchas de estas marcas también exportan una porción de lo que producen. Los principales destinos son Siria, Chile, Brasil y Uruguay. Silvana Castro, jefa de producto de Cruz de Malta, cuenta que su empresa exporta desde los años 60. “No nos subimos a la oleada de exportaciones del 2001”, dice. Ellos llegan a Siria, Líbano y Emiratos Árabes, que compran un 70% del volumen total de sus exportaciones. El 30% restante se distribuye entre los Estados Unidos, Italia, España, Australia, Canadá, Chile, Venezuela, Lituania y Rusia. Por su parte, Montechiesi especifica que, a pesar de que las exportaciones cayeron un 26% respecto a 2003, en 2004 el mercado externo compró 29.503.279 kg, un 11% del total de producción.
De acuerdo al INDEC el precio promedio del envase de 500 gramos de yerba elaborada se situó en octubre pasado en $2,02, mientras que hoy, según empresas privadas, asciende a los $2,05 (el tema está por estos días en discusión). “La yerba es una infusión económica, considerando su alto rendimiento. Se estima que una familia de la ciudad repone su compra cada 15 días. En zonas del interior, el consumo suele ser más alto y la compra, más frecuente. La temporada del año también incide: el mate se toma principalmente caliente, por lo que en verano su consumo disminuye, aunque no mucho”, explica Roberto Murga Cerviño, gerente de ventas de Productores de Yerba Mate de Santo Pipó SCL.
Las variedades
La yerba tradicional sigue siendo la preferida entre los argentinos. El segmento de yerba con palo representa el 73% del mercado, según Cruz de Malta. “Si bien Nobleza ofrece yerba suave, intensa y saborizadas, la presentación tradicional -la del empaque azul- es la más consumida”, coinciden en Molinos Río de la Plata S.A. “Por otro lado, vuelve a crecer el canal mayorista, que provee a negocios de barrio, y con esto se consolida un formato de paquete: el de 500gs, que compra el 55% de la gente”, sostiene De Bernardi.
En cuanto a publicidad, y según Monitor de Medios Publicitarios, la inversión total del rubro entre 2004 y lo que va de 2005 ha sido de 555.873 pesos. “En general las empresas yerbateras no destinan demasiados fondos a este rubro. Nuestra inversión ronda los 600.000 pesos e incluye campañas en el interior (radios, carteles, punteras de góndola, promociones) y en medios de difusión nacional, como televisión, aunque muy poco por su alto costo”, sostiene Murga Cerviño. En tanto, en Nobleza aseguran: “Las cifras de inversión publicitaria han caído en los últimos años por la crisis del país y la pérdida de rentabilidad del sector”. Por su parte, Montechiesi resalta que “del precio promedio de 1 kg de yerba, alrededor de $0,20 se destina a publicidad, es decir un 7%”.
El arte de saber cebar
A pesar de que esta práctica no le sea ajena a ningún argentino, hay quienes aseguran que preparar un buen mate es todo un arte. Incluso, hay quienes se animan a dar algunos consejos. Primero hay que utilizar un mate mediano, bien curado y sólo agregarle yerba hasta su ¾ parte. Después, debe taparse la boca del mate con la mano, invertirlo, agitarlo y volverlo a su posición normal. Siempre hay que cuidar que la yerba haya quedado recostada hacia un lado. En la parte más vacía hay que verter el agua, al principio tibia o fría, pero nunca muy caliente. Se deberá esperar unos segundos para que se absorba. Luego, hay que repetir la operación. Finalmente, se introduce la bombilla en la parte humedecida. Para disfrutar el mate, el agua no debe superar 80° C. Hay que cebar primero cerca de la bombilla y luego, ir avanzando hacia el centro. Y nunca olvidar: siempre es mejor esperar un tiempito entre mate y mate. La industrialización de la yerba mate
Como explica Luis De Bernardi, el proceso industrial de la yerba mate comienza con la secanza, que detiene los procesos biológicos de degradación de los tejidos del vegetal, y los deshidrata casi por completo. Las diferencias de técnicas empleadas y las variaciones operativas entre los distintos establecimientos contribuyen a lograr blends o mezclas propias. El proceso comprende cuatro etapas: zapecado (las hojas verdes son sometidas por algunos segundos a la acción directa de una llamarada), pre-secado (tratamiento térmico y de ligera torrefacción), secado y trituración y clasificado. Así se obtiene la “yerba canchada”, que se embolsa y se almacena en depósitos naturales por más de doce meses o en cámaras de estacionamiento acelerado. El sector industrial vuelve a clasificar, triturar y mezclar, adecuando la mezcla a las características propias de cada compañía.
Por Cora Cáffaro. Especial para Clarín.com. informedeldia@claringlobal.com.ar
VER NOTA ORIGINAL: http://www.clarin.com/diario/2005/03/17/conexiones/t-940410.htm
  LOS EXTRANJEROS Y EL PAIS: TESTIMONIOS Philippe Choucri francés.
El francés Philippe Choucri, de 35 años, encuentra que Buenos Aires es una ciudad irresistible y, en estos días, también muy barata gracias al cambio favorable del euro y del dólar. "Yo vengo, además, por otros motivos, pero reconozco que mis compatriotas y otros turistas europeos la encuentran barata". Philippe para en un hostal de la calle Carlos Calvo, porque siente que el empedrado de San Telmo reúne la virtud de ser el casco histórico y "el lugar más bohemio de América latina".
Y al elogiar a Buenos Aires, nombra a cada uno de los 40 países que —excepto los de Asia— recorrió en su vida. "A mí, y a otros turistas, nos atrae la noche porteña, porque esta ciudad es quizás la más permisiva en ambientes de clase media. Si hablamos de Río, esa permisividad se da a otro nivel social y hay mucha fiesta, pero un turista termina como carne picada", contó.
Choucri —su padre es de El Cairo y su madre de Alejandría— confesó a Clarín que siente aquí los olores urbanos que le recuerdan a las ciudades de sus ancestros. "Tiene opciones que no existen en Europa, porque allá hay una cultura del trabajo y aquí una cultura del placer", dijo, admitiendo que en las callecitas porteñas se da siempre ocasión para el romance.
El turista francés se queja porque en la oferta de las guías de turismo, "ni siquiera hay un 30% de lo que ofrece esta ciudad, que es varias ciudades en una; un mix, que, por ejemplo, este fin de semana, me permitirá ir a la Catedral del Tango —quizás el único fenómeno under del tango en el mundo—, después a una ópera en el Colón, y luego a la cancha, rematando con una noche de rock en San Telmo".
MATERIA ORIGINAL: http://www.clarin.com/diario/2005/03/03/sociedad/s-03803.htm
----------------------------------------------------------------------------------------------- Los extranjeros y el país: Tango, cultura, gastronomía y precios accesibles
VIENEN CADA VEZ MÁS FRANCESES Y ESPAÑOLES. De todos modos, brasileños y estadounidenses siguen a la cabeza del ranking de visitantes. Respecto de enero pasado crecieron, según datos oficiales, un 15 por ciento.
Pilar Ferreyra. pferreyra@clarin.com
En enero de este año unos 130 mil turistas extranjeros disfrutaron de la Argentina, de acuerdo a datos de la Dirección Nacional de Migraciones. Un número que por sí sólo no dice mucho, pero que comparado con enero de 2004 representa un aumento en la cantidad de turistas de otras nacionalidades del orden del 15 por ciento.
Y a lo largo de 2004, estadísticas recientes de la Secretaría de Turismo de la Nación indican que arribaron aquí casi un millón y medio de visitantes de otros países. En su mayoría buscando la magia y la sensualidad del tango, la gastronomía nativa y la oferta cultural de Buenos Aires. Tanto como la belleza de las Cataratas o la poesía sin tiempo del paisaje patagónico: Calafate, Madryn, Ushuaia y Bariloche.
Estos atractivos parecen imanes especialmente para franceses y españoles. En 2004, respecto de 2003, los visitantes venidos de Francia aumentaron un 33 por ciento, y los de España un 25 por ciento.
Así como entre 2004 y 2003 el turismo extranjero creció casi un 14%, entre el año 2002 y 2004 el salto fue aún más marcado. El turismo internacional aumentó un 52 por ciento en 2004 comparado con los que eligieron la Argentina como destino de vacaciones y negocios durante el año 2002.
¿Qué explica el crecimiento del turismo internacional? De acuerdo al secretario de Turismo de la Nación, Enrique Meyer, "la tranquilidad que existe en el país, una diferencia cambiaria favorable para los extranjeros y un destino muy apetecido por los latinoamericanos, que durante la década de los 90 consideraron a nuestro país un destino imposible".
El presidente de la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo, Tomás Ryan, coincide con Meyer en las ventajas que el tipo de cambio argentino otorga a los visitantes extranjeros; pero sostiene que además existe otro factor: "La intensificación de la presencia argentina en ferias internacionales para vender los principales destinos de nuestro país".
Las estadísticas oficiales también permiten destacar algunos detalles curiosos. Esto es lo que sucede con el ranking del turismo receptivo por nacionalidad.
Desde el año 2002 los turistas que más han visitado nuestras tierras son los brasileños. "Brasil tiene 300 millones de habitantes y Buenos Aires los convoca mucho. En particular, visitan al país los turistas que viven en San Pablo, Puerto Alegre y Curitiba", explicó Ryan. La presencia de viajeros brasileros en el país creció casi un 15 por ciento en 2004 respecto de 2003.
A los turistas brasileños los secundan los norteamericanos, cuyo ingreso aumentó un 13 por ciento el año pasado en comparación con 2003. "El norteamericano es golfista, trekkista y pescador, todas actividades que puede hacerse en la Argentina. Somos uno de los lugares tranquilos que quedan en Sudamérica", dijo Meyer.
En orden de participación turística, a los norteamericanos le siguen los chilenos y al cuarto lugar lo ocupan los españoles. La quinta posición es de los italianos.
Aunque aquel es el orden en términos absolutos, los porcentajes revelan una realidad distinta. Por ejemplo, el año pasado el país que más turistas exportó hacia la Argentina, respecto del año 2003, fue Francia. En segundo lugar, España y en tercero, México.
Escena que cambia por completo cuando sólo se trata del turismo internacional que ingresó a nuestro país en enero de 2005 comparado con quienes lo hicieron en el mismo mes, pero en 2004.
Se trata, en principio, de indicadores llamativos y, por cierto, también curiosos. La primera sorpresa es que el porcentaje de de canadienses, que huyendo de las desconsolantes nevadas llegó buscando calores superiores a los 30 grados, aumentó en un 49 por ciento. Le siguen los viajeros provenientes de la Guyana Holandesa (un 38 por ciento más en enero de 2005 en comparación con enero de 2004).
MATERIA ORIGINAL Y OTROS LINKS RELACIONADOS: http://www.clarin.com/diario/2005/03/03/sociedad/s-03815.htm
  EDIFICIOS HISTORICOS DE LOS ALREDEDORES DE LA PLAZA SAN MARTIN
Un circuito turístico recorre la zona de los palacios y el primer hotel cinco estrellas.
Son un puñado de manzanas donde la frase "la París de Sudamérica" se corporiza en lujosas residencias, edificios de vanguardia y frondosos árboles. La zona de plaza San Martín testimonia parte fundamental de la historia de Buenos Aires, que es revelada a los turistas en un recorrido que les acerca otra cara de la Ciudad: la del pasado desde el presente.
El tour lo organiza los jueves el hotel Marriott Plaza para sus huéspedes. Pero los porteños pueden acceder a una visita muy similar que hace la agencia Eternautas (ver Cuándo...).
El grupo de unos diez turistas, casi todos estadounidenses, espera puntual a las 18 en el Plaza Grill del Marriott Plaza. Florencia, la guía de Eternautas, empieza por contar la historia del hotel, el primer cinco estrellas de Buenos Aires. Fue el sueño del empresario Ernesto Tornquist, un visionario que decidió construir un gran hotel moderno para hospedar a sus amigos europeos. Todos le dijeron que estaba loco: había elegido un lugar despoblado. Pero al poco tiempo, y a medida que creció la inmigración, las familias ricas que vivían en el Sur de la Ciudad se mudaron al Norte, y la zona se llenó de lujosas residencias. Pero Tornquist no pudo ver su obra porque murió antes de que se inaugurara en 1909.
Los huéspedes se sorprenden al descubrir que el restorán Plaza Grill conserva una prensa de plata para pavos, ventiladores de techo manuales —que funcionan perfecto— y pájaros embalsamados. "Era un lugar de encuentro y se traían piezas como éstas, llamadas 'de conversación' porque tenían la función de promover la charla", cuenta Florencia.
De allí, el grupo cruza la calle para mirar el hotel desde la plaza San Martín. Y descubre otro edificio emblemático porteño: el Kavanagh. Inspirado en los rascacielos de Chicago, se construyó en 1934 y fue el primero de estilo racionalista —despojado y geométrico— en Sudamérica. La caminata sigue hasta el palacio Anchorena, la sede de la Cancillería. La familia levantó otro palacio al lado como regalo para una hija, pero se destruyó para construir lo que hoy es una torre de oficinas. Tenía 28 habitaciones, pero sólo un baño: lo importante era la magnificencia. Tatiana, una jubilada californiana, anota todo: "Fui maestra y me interesa recordar después del viaje". Robert, su marido, mira las fotos de principios de siglo que muestra la guía: la Cancillería está idéntica.
La próxima parada es el Círculo Militar. Pertenecía a José C. Paz, fundador del diario La Prensa y un hombre con altas aspiraciones políticas que lo soñó como residencia presidencial. La suya, claro. A su muerte, sólo su esposa y su hijo quedaron habitando el enorme palacio, que hasta tenía un cine.
El tour vuelve al Plaza, donde sigue por los salones, uno de los lugares donde la clase alta porteña comenzó a bailar el tango. Y termina en la terraza de la piscina del hotel, punto desde el que se tiene casi la única vista de la "iglesia escondida": el Santísimo Sacramento. Leyenda urbana o realidad, la mandó a construir la señora Mercedes Anchorena para poder verla desde su ventana. Pero la rivalidad social con los Kavanagh hizo que éstos construyeran su edificio de departamentos justo en el medio. Y la bellísima iglesia quedó oculta.
Florencia contará más anécdotas, como que las chimeneas del Plaza se hicieron subterráneas para que el humo saliera por las mismas del Kavanagh (y así no molestara a los inquilinos) y que las bolas de mármol de la entrada servían para atar los caballos. Todos secretos de una Buenos Aires que se miraba en los espejos del mundo y se reflejaba en brillos.
CUÁNDO IR:
La próxima caminata por la zona más distinguida de Retiro se hará mañana a las 17. Salen de la fuente de la plazoleta de Florida y Marcelo T. de Alvear. Informes en la agencia Eternautas al 4384-7874. Costo: $ 5.
-------------------------------------------------------------------------------- Adriana Santagati. asantagati@clarin.com
NOTA ORIGINAL EN CLARIN: http://www.clarin.com/diario/2005/02/19/laciudad/h-05801.htm   ELLIOTT GOTKINE da BBC Brasil, em Buenos Aires
A capital da Argentina, Buenos Aires, está se tornando um dos destinos preferidos dos turistas gays.
Para satisfazer este público, há planos para construir um hotel cinco estrelas dirigido a homossexuais, e casas de tango especializadas em promoções para gays estão pipocando por todos os lados.
O epicentro do fenômeno é o tradicional bairro de San Telmo, onde foi aberto o primeiro albergue para homossexuais da cidade e que pode em breve ser declarado um lugar "amigável para os gays".
"É um lugar muito receptivo, onde nós podemos aproveitar os homens atraentes e ir aos bares gays", disse o turista americano Gary, que, com seu parceiro Chris, saiu de San Francisco para conhecer o novo ponto quente da comunidade.
"Eu queria vir para cá por causa do ótimo clima, da atmosfera à européia, da taxa de câmbio", completou Gary, enquanto perambulava por um mercado de rua em San Telmo.
Peso
Segundo a subsecretária de Turismo de Buenos Aires, Marcela Cuesta, no ano passado o número de turistas a visitar a cidade aumentou em 38%, chegando a 5,25 milhões de pessoas, um novo recorde.
"Acreditamos que vinte por cento deste total seja formado por gays de todo o mundo, especialmente da Europa e dos Estados Unidos", diz Cuesta.
A desvalorização do peso argentino é um ingrediente que tem aju |
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