
UN NEGOCIO REDONDO
Alfajor: la golosina argentina para todo el mundo
Las mujeres lo comen más que los hombres y los turistas extranjeros se enamoran de él. En Argentina se consumen seis millones por día.
Todos lo llevamos alguna vez en la bolsita bordada del jardín de infantes y cuando nos hicimos más grandes lo pasamos al bolsillo del guardapolvo o a la mochila del colegio. La estrella de las meriendas escolares de la infancia también nos acompañó cuando dejamos las aulas. Los hay negros o blancos, de chocolate o dulce de leche, simples o triples, de durazno, membrillo o uvas, y los más sofisticados de frutilla a la crema o lemon pie. Dicen que en la variedad está el gusto y en la industria alfajorera parecen aprovecharlo bien. En las góndolas se pueden contar hasta 34 tipos diferentes de alfajores. De un tipo o de otro, los argentinos comen alrededor de 6 millones de unidades por día.
Aunque hoy sea una golosina bien argentina, al alfajor lo inventaron los árabes. Su nombre es, efectivamente, de origen árabe (como muchas de las palabras que empiezan con al) y proviene de al-hasú que significa relleno. Pero no es menos cierto que al alfajor, tal como lo conocemos nosotros, esa especie de sanguchito de masa redondo y relleno de dulce, cobró fuerza en la provincia argentina de Córdoba de modo artesanal. Aún hoy muchas pequeñas empresas los siguen fabricando uno a uno con manos y pincel. Otras, las que hacen grandes producciones, cuentan para fabricarlos con la última tecnología que, en este caso, llega principalmente de Italia.
"En Guaymallén vendemos 1.200.000 alfajores por día y para hacerlos utilizamos un camión de azúcar, otro de dulce de leche, dos de cartones y trabajan 170 empleados", cuenta Carlos Berdion, responsable comercial de esta compañía nacida hace 60 años. Allí acaban de recibir dos máquinas italianas de última generación que garantizan que el producto sea siempre igual y no sea tocado por personas.
Según Ibope, TGI Argentina 2004, en una muestra de personas de entre 12 y 75 años, tomada entre enero y junio de este año en todas las ciudades argentinas de más de 50.000 habitantes, en nuestro país hay 12.097.000 consumidores de alfajores. Este número representa 6.311.000 más de los que consumen barras de cereal, 318.000 más que los que consumen chocolates y 1.712.000 menos que los que toman helados. En Capital y Gran Buenos Aires se consume más de la mitad de los alfajores de todo el país. Las mujeres comen más alfajores que los hombres. Según el muestreo los niños y jóvenes de entre 12 y 19 años consumen el 24% y las personas de más de 50 años consumen el 21%.
Un dato que llama la atención: las clases más bajas consumen un 53% del total. ¿Por qué? Todos los consultados coinciden en que el alfajor dejó de ser una golosina para pasar a ser un alimento barato, y cuentan que los peores momentos económicos son los de mayor consumo de alfajores. Un obrero puede almorzar con uno o dos alfajores porque se trata del alimento inmediato más económico. Durante la crisis de 2001-2002 llegaron a venderse 10 millones de alfajores por día. “Es algo dulce que permite la posibilidad de saborear algo rico en momentos amargos”, dice Diego Blanco, Presidente de Dubinco, una fábrica artesanal con más de 30 años en el mercado cuya especialidad son los alfajores de maicena y los santafesinos.
Lentamente, las bondades de los alfajores también son descubiertos por los extranjeros que visitan la Argentina. Basta poner la palabra “alfajor” en Google para encontrar comentarios de lo más elogiosos y en distintos idiomas. “He encontrado el mejor bizcocho del mundo… Son de Argentina y vienen en una caja de 12: seis dorados y seis plateados”, relata el inglés Neville Reid, sobre su descubrimiento de los clásicos Havanna. “Si alguna vez estuviste en el cielo, estoy seguro que allí los tienen”, remata elegantemente su comentario online publicado en www.nicecupofteaandsitdown.com.
Lucas Musy, nació en Basilea, Suiza, y tiene familia en la Argentina. Cada visita a Buenos Aires incluye un ritual que se consuma el día antes de partir de regreso: ir al supermercado y llenar un changuito con golosinas, principalmente alfajores. Sus preferidos: los de dulce de leche. “En Suiza no existen y me llevo todos los que puedo para tener hasta el próximo viaje”, dice en un español fluido. Los alfajores son productos de alta rotación, con vencimiento y que no deben pasar mucho tiempo en góndolas, por lo tanto son muy pocos los que pueden exportar. En La Nirva, por ejemplo, están exportando pero sólo a países limítrofes.
Según datos proporcionados por una de las empresas líderes durante lo que va del 2004, en la Argentina se compraron 33.000.000 kilos de alfajores, lo que significa un incremento del 29% en volumen de ventas respecto al año anterior. En los kioscos o góndolas de supermercados hay entre 20 y 40 tipos diferentes de alfajores que se venden al público a un precio que varía desde los 0.10 centavos a 1 peso.
Pero no todas las variedades provienen de las grandes empresas. En muchos casos, lo que empezó como un negocio familiar fue creciendo pero no lo suficiente como para abandonar el artesanado o la pequeña empresa. “Hay muchísimas empresas y como muchas de ellas son familiares es difícil llevar un registro”, explica Ricardo Lorenzo, gerente de gestión de la Asociación de Distribuidores de Golosinas y Afines (ADGYA). Estas empresas suelen tener hasta 15 empleados contando los administrativos y venden alrededor de 25.000 unidades al día.
Las campañas publicitarias fuertes también son fundamentales en este sector. Utilizan slogans pegadizos como el de Blanco/Negro de Bagley; Alfajores Guaymallen, “el alfajor de la familia”; “No pidas un alfajor, pedí un Jorgito. Jorgito: el nombre del alfajor”; o “Disfrute de un alfajor bien grandote" (de La Nirva S.A.). Según datos de Monitor de Medios Publicitarios entre enero y octubre de 2004, la inversión publicitaria en medios fue de $ 8.899.049.
Otra estrategia publicitaria que utilizan en las empresas es la degustación. En Guaymallén, utilizando este método lograron revertir un mercado de ventas como el de la zona norte del Gran Buenos Aires: “En esa zona vendíamos lo que en Capital se vende en un solo kiosco. Fuimos con camionetas y regalamos alfajores para probar. Hoy se vende un camión por día”, dice Carlos Berdion.
En el caso de La Nirva, otra de las empresas líderes del sector, la publicidad está fuertemente asociada a programas y deportes populares, como el fútbol. “Los nuestros son productos populares que se consumen desde Barrio Norte hasta las villas más ocultas del país” dice Vicente Conde Hernández, presidente de la firma, quien elige una comparación para graficarlo: “Nuestros alfajores son como las lapiceras BIC. Se usa en todos lados, desde el despacho presidencial hasta cualquier oficina o escuela”.
Los alfajores son productos estacionales: los días de más de 30º las ventas disminuyen considerablemente y la temporada vuelve a empezar en febrero. Con este noviembre atípico de frío y lluvias los alfajoreros pudieron estirar unos días la estacionalidad del producto. Ironizan que todavía quedan algunos de ellos que por las noches bailan la danza de las lluvias para extender un poquito más sus ventas. Pero el verano se acerca irremediablemente y llegan los días de ventas escasas. Y de esperar el comienzo de la temporada 2005.
El reparto del mercado
Según datos recogidos por la consultora CCR entre enero y octubre de 2004, y proporcionados a Clarín.com por una fuente del grupo Arcor (dueña de las marcas de alfajores Tofi, Bon o Bon, Tatín, Cabsha, Corimayo, Minitorta y Gody), este grupo maneja el 22,56% del mercado de alfajores. El Grupo Kraft (Milka, Terrabusi, Terrabusi delicias, Tita, Oreo, Pepitos y Shot) tiene el 22,29%. Jorgito el 17,53%, Guaymallén el 11,20% y las demás empresas el 26,42%.
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Por Julia Tortoriello.
informedeldia@claringlobal.com.ar
NOTA ORIGINAL:
http://old.clarin.com/diario/2004/11/30/conexiones/t-878610.htm
